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Fortalecimiento y proyección pública de Dodecá Mujer(es)

A principios de Julio, tras cerrar un proyecto que realizamos con el apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), culminamos una importante etapa de trabajo en la dirección de fortalecer y proyectar públicamente nuestro espacio: Dodecá Mujer(es).

El Centro Cultural Dodecá venía trabajando desde sus orígenes en la dirección de promover un enfoque de género en lo que refiere a la formación y realización en el campo del arte, en general, y del cine, en particular. Continuando y profundizando en esa dirección, entendemos que, en la actualidad, consolidar y proyectar públicamente el espacio Dodecá Mujer(es) orientado a la promoción social y cultural de la mujer y la juventud es algo muy importante, y augura la continuidad de un trabajo que habrá de articular múltiples dimensiones: género, generación, difusión y realización cinematográfica, promoción y expresión cultural, participación social, política y cultural, investigación y acción en favor de los derechos de las mujeres. Las actividades desarrolladas en el último semestre con el apoyo de UNFPA han sido un paso importante en esa dirección.

En lo inmediato, tras el apoyo que Dodecá Mujer(es) brindó para la realización del cortometraje Ya pasó todo, nos hemos planteado promover su difusión en distintos ámbitos educativos, sociales y culturales. Aquellas organizaciones e instituciones interesadas en realizar un cine-foro exhibiendo esta película, pueden ponerse en contacto con Dodecá Mujer(es) para coordinar la actividad.

DODECÁ MUJER(ES) – 600 08 87 – mujer.es (arroba) dodeca.org

Editorial

Uruguay entra al nuevo año con una perspectiva de cambios. No sólo se trata de la asunción de un nuevo gobierno, dirigido por una fuerza polí­tica diferente de los partidos tradicionales que gobernaron históricamente nuestro paí­s, sino también de una perspectiva que auspicia dejar atrás lo peor de la crisis económica y social que llegó a su paroxismo durante el 2002 y el 2003.

El signo del cambio polí­tico puede todaví­a revestir incógnitas, pero la apertura a la participación social, a la descentralización del poder, a la discusión colectiva de las polí­ticas públicas son algo auspicioso y motivador. El cambio, para que sea real, debe ser asumido y desarrollado por los agentes sociales y culturales. Que ello sea posible, a partir de este año, es tal vez lo que más entusiasmo aporta a quienes apuestan por una transformación progresista del paí­s. En este punto, para el Centro Cultural Dodecá, el cambio se combina perfectamente con una lí­nea de continuidad y compromiso. Seguiremos desarrollando polémicas, debates, instancias de intercambio de visiones sociales, culturales y polí­ticas tal como lo hemos venido haciendo a partir de la difusión del cine y el arte de calidad, de su apreciación crí­tica y colectiva, con un ánimo formativo y, para el presente, impulsando una lí­nea de pensamiento utópico sobre el paí­s que queremos, la sociedad en la que nos gustarí­a vivir, el mundo en el que aspiramos habitar.

Para quienes trabajamos en el ámbito cultural, además, en el 2005 se abren desafí­os importantes, la discusión en el ámbito de la sociedad civil del anteproyecto redactado por UNESCO para una Convención sobre la Protección de la Diversidad de los Contenidos Culturales y las Expresiones Artí­sticas, así­ como las discusiones que se vienen realizando en vistas a la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. Estos dos desafí­os nos obligan a reflexionar y comprometernos con tareas impostergables en lo relacionado con Derechos Humanos fundamentales, como lo es el del acceso a la cultura, la información y el conocimiento. En ese marco se inscribe el trabajo formativo y educativo de la Escuela de Cine Dodecá para Jóvenes y las actividades del Centro Cultural Dodecá.

Lacy Duarte y la cultura de lo inevitable

Hace tres años abrí­amos nuestra sede e inaugurábamos la sala de exposiciones con la muestra «Rastreo de huellas y fracturas«, de la artista Lacy Duarte. En este mes, cuando inauguramos nuestro cuarto año de existencia, queremos tomarla a ella como ejemplo de una actitud alternativa frente a la tan mentada cultura de lo inevitable, del no hay nada que hacer.

Precisamente, en estos dí­as, Lacy denunciaba una situación que le tocó vivir con seis cuadros que realizó en Estados Unidos, trajo al Uruguay, fueron requisados en la aduana, retenidos contra su voluntad por una empresa privada y finalmente llevados a remate sin previo aviso. Al respecto, tras reconocer «la vanidad de una protesta por cuadros perdidos, en una sociedad que con tanta facilidad admite la desaparición de tantos de sus hijos y el hambreamiento de otros muchos», ella denuncia la situación, expresando a la vez que «la protesta individual y colectiva es una pena que vale».

Por cierto, reconociendo en Lacy Duarte una persona entrañable, y solidaria con nosotros desde el principio, indignados como ella ante la situación que le tocó vivir («el manoseo», dice en su carta) en Dodecá resolvimos hacernos eco de su protesta y amplificarla por nuestros medios. Las redes funcionaron y las respuestas de solidaridad no se hicieron esperar. La indignación y la protesta fue compartida. Entre las muchas cartas recibidas, hay una que manifestaba: «Por fin alguien reaccionó en esa triste nebulosa de resentimiento e impunidad en la que se ha transformado nuestro paí­s».

Quizás Lacy no recupere sus cuadros. Pero a pesar de eso, nos reconforta ver en estas respuestas un sí­ntoma de que algo auspicioso se está moviendo en el subsuelo (Lacy seguramente hablarí­a de «las capas» más profundas) de nuestra sociedad: la cultura de lo inevitable comienza a retroceder. Vamos aprendiendo que siempre es mejor hacer algo. Y que vale la pena.

Editorial de agosto

La polémica que organizamos sobre cine, polí­tica y corrupción despertó un inusitado interés por parte de los medios de comunicación, motivando una serie de entrevistas. Nos interesa referirnos especialmente a la que nos realizara Sergio Puglia, el martes 15 de julio en su programa de Canal 5, «tveo a diario», rescatando de ella la comprensión y el reconocimiento que el conductor del programa hiciera de nuestra actividad como Centro Cultural. En un pasaje de la entrevista, con la vehemencia que lo caracteriza en sus afirmaciones, Puglia se refirió a la problemática relación entre democracia, polí­tica y corrupción. Muy especialmente afirmó la importancia de que un Centro Cultural tratase este tema, y dijo:

«tenemos que dejar de hablar de la democracia balconeándola y realmente ejercer la democracia. Si nos quedamos sentados en casa diciendo: tenemos que medir, bueno, ¿quién mide con la misma vara a quién? ¿Quiénes son los que miden?… ¡Nosotros mismos! Por eso me parece genial lo que está haciendo Dodecá. Y cuando se les pregunta por qué un Centro Cultural habla de polí­tica, la respuesta es: ¡porque la polí­tica es cultura! Está intrí­nsecamente en el hombre. Y la corrupción también está en el ser polí­tico, forma parte de su identidad y de su cultura. Así­ que un Centro Cultural tiene que hacer análisis, porque si no, no es un Centro Cultural».

De ese modo, Puglia reafirmó lo que quisimos plantear en el editorial de nuestro último boletí­n, cuando mencionábamos lo injustificable de separar y divorciar las actividades culturales y polí­ticas. Lo novedoso, en su receptividad de nuestra propuesta, fue esa afirmación tajante respecto de lo que podrí­a entenderse como un criterio de demarcación: un Centro Cultural que no hace análisis polí­ticos no es un Centro Cultural.

Editorial de julio

Las fronteras entre polí­tica, cultura, economí­a y sociedad, si alguna vez las hubieron, nunca fueron claras. No lo fueron en el pasado y mucho menos lo son en el presente, cuando el entramado de las relaciones y mediaciones sociales se vuelve más complejo, más ambiguo y más caótico.

Cierto que el problema no es sólo de claridad, de transparencia o de orden. El problema es dilucidar hasta qué punto serí­a deseable o justificable que esas áreas de actividad estén separadas: aquí­ los que se encargan de lo polí­tico, allá los que hacen cultura, etc., cada uno restringido a su fragmento de realidad. ¿En qué favorecerí­an esas distancias a las necesidades actuales de dar respuestas colectivas y creativas a la profunda crisis que atraviesan nuestras sociedades?

En Dodecá, si bien no pretendemos retroceder en cuanto a los logros de autonomí­a del arte respecto de los poderes polí­ticos y económicos, tampoco pretendemos aislar las esferas de acción cultural y polí­tica, ni nos interesa separar a éstas de las otras múltiples esferas de acción social. Las «Polémicas» que este mes iniciamos son una muestra de ello, como ya lo fue, en diciembre del año pasado el ciclo de debates sobre el artista y el poder, como también los son los Encuentros de Cine y Ciencias Humanas que hemos realizado: la cuestión del trabajo, violencia y juventud, y el último recientemente culminado sobre la condición de la mujer. Muchas otras «Polémicas» vendrán sobre cuestiones centrales, que nos interesa promover.

Un centro de acción cultural, tal como nosotros lo entendemos, puede y debe ser un ámbito de discusión y formación polí­tica, así­ como en los ámbitos de acción polí­tica no dejan de estar en juego los valores culturales de una sociedad.