Otros artículos sobre Fotografia

Oscar Bonilla: «Complicidades»

«Difí­cilmente se encuentre una actividad más en solitario que el acto fotográfico. La mirada descubre al motivo, lo desgrana, lo imagina, lo disfruta, en í­ntima y silenciosa soledad. La excepción es, quizás, la particular asociación que se crea entre el fotógrafo y su objeto en el momento del retrato fotográfico. Algo parecido a una complicidad no explí­cita, que conforma un pacto entre ambos.

Todos somos actores en el teatro de la vida. Cuando nos enfrentamos a una cámara, actuamos con la esperanza de ser reconocidos como lo que querrí­amos ser. La Foto-retrato es una empalizada de fuerzas. Cuatro imaginarios se cruzan, se afrontan, se deforman. Ante el objetivo soy a la vez: aquel que creo ser, aquel que quisiera que crean, aquel que el fotógrafo cree que soy y aquel de quien se sirve para exhibir su arte, dice Roland Barthes desde su posición de retratado, y agrega: la fotografí­a es una astuta disociación de la conciencia de la identidad y, paradojalmente, la sociedad se sirve de la fotografí­a para darnos una identificación.
Hace mucho tiempo que querí­a hacer una muestra de retratos. Una muestra que reuniera el resultado de esos encuentros furtivos con personas que son, en algunos casos, amigos entrañables, o gente que admiro o que he admirado, o simplemente gente que he conocido fugazmente pero cuyos rostros emití­an destellos que me atraparon aunque más no fuera por un instante.

A todos ellos, cómplices circunstanciales, gracias.»

Oscar Bonilla

Inauguración de la muestra lunes 10|mayo|19 hs.

Ramiro Ozer Ami: Imágenes pasajeras

De la frí­a acera al interior del ómnibus hay una superposición innumerable de reflejos, de pantallas, de vidas que pasan. Entre el contemplador y el objeto de su deseo median barreras translúcidas que hay que atravesar –resplandor de las ventanillas, vidrios empañados, corredores en penumbras– pero al final del camino surge siempre, como un horizonte, el rostro de la persona: contundente, anónima huella de un tiempo vivido.

El proyecto Paisaje pasajero nace del encuentro de dos temores atávicos. Por un lado, el miedo del fotografiado al robo del aura personal, es decir, a la violación de su intimidad; por otro, el temor del ladrón de imágenes a la represalia. Al menos en principio fue así­, Ramiro Ozer Ami salió en busca de condiciones ideales para un retrato callejero «espontáneo», en donde no se viera expuesto a una reacción agresiva. La distancia provocada por el discurrir del vehí­culo es la defensa del fotógrafo: inmoviliza de antemano al retratado.

De aquí­ en más comienza una relación fugaz que el espectador de esta muestra podrá ahora reconstruir en su imaginación y en sus actos, pues el pequeño formato de los registros lo impulsará a repetir el ritual de la aproximación y los descubrimientos. Intuirá, por ejemplo, cómo el fotógrafo, luego de acercarse a la parada del ómnibus, ha invitado a posar con un gesto que puede ser amable, a su ocasional modelo. A pocos centí­metros del coche rara vez su presencia será inadvertida. El pasajero del ómnibus quizás pretenda ignorar el convite pero no logrará mucho más que ofrecer un perfil adusto a la cámara.

Cada fotografí­a es la historia y a la vez el desenlace de este encuentro: un inusitado y profundo estudio de las reacciones urbanas, de los destellos que encienden las miradas, de las maneras de pensarse en un ómnibus, de diluirse en otros viajes, en otras formas de desplazamiento. El escenario de la ciudad se fragmenta en los reflejos de las ventanas, las fachadas de los edificios giran, se entrecruzan, juegan con la curiosidad de unos niños, con la distracción eventual del paseante para, finalmente, confundirse en la enigmática voz de una sonrisa enlutada.

Pablo Thiago Rocca

Andrés Fernández: Piel y Luz

El 5 de agosto se inaugura en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Dodecá, la muestra fotográfica «Piel y luz» de Andrés Fernández. Sobre el artista y sobre su obra, el crí­tico Jorge Abbondanza escribe:

«Los cuerpos de ambos sexos dialogan con la cámara en la obra de Fernández, confirmando varias de sus virtudes ; desde la sensibilidad para trabajar volúmenes y fondos bajo una luz reveladora, hasta el virtuosismo de la técnica que despliega y los niveles de hermosura que alcanza la imagen trabajada con un detenimiento que también es signo visible del afinadí­simo empeño formal del fotógrafo.

Pero en este caso, por tratarse de desnudos, la obra de Fernández adquiere otras cualidades adicionales: una de ellas es la aureola de intimidad que acompaña cada trabajo, campo particularmente delicado donde el artista traspasa la clausura que suele acompañar la exhibición del cuerpo humano y lo hace con una sagacidad más atrayente (y seguramente más valiosa) que el riesgo o el atrevimiento asociados al desnudo fotográfico en un medio provinciano como el nuestro. Otra cualidad consiste en la búsqueda de luces y de sombras, redondeces y perfiles, volúmenes y huecos mediante los cuales el artista traspasa el mero registro de los cuerpos para convertirlos en sostén de una exploración formal que va más allá del logro documental o la opción esteticista, logrando que en ciertos casos el resultado luzca la lí­mpida hermosura de un diagrama y no sólo la expresividad del cuerpo fí­sico que la abastece.

Mientras la fotografí­a mantiene en el circuito plástico local un protagonismo poblado por numerosos estilos, posibilidades expresivas, métodos de manipulación y hallazgos conceptuales, la propuesta de Fernández se inscribe como í­ndice de un talento personal ya notorio en ese terreno que se expande, se enriquece y se diversifica a medida que pasa el tiempo.»

Jorge Abbondanza

Oscar Bonilla: Hecho en Uruguay

El 8 de abril se inaugura en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Dodecá la muestra «Hecho en Uruguay» del fotógrafo Oscar Bonilla. A propósito de él y su obra Fermí­n Hontou señala:

«Las fotos de la serie «Hecho en Uruguay», de Oscar Bonilla, nos muestran espacios arquitectónicos vací­os, semidestruidos y abandonados.
Esos espacios (fábricas, depósitos y galpones) fueron construidos por el hombre, fueron habitados y transitados por el hombre, fueron abandonados por el hombre.
Las fotos retratan ángulos parciales de esos espacios mediante el uso de lentes de gran angular, y fueron trabajadas digitalmente por Bonilla acentuando contrastes e iluminando algunas zonas claras con rojos intensos y verdes azulados. Esos efectos provocan una sensación de extrañeza donde todo está bañado por una luz irreal y le agregan a los registros un dramatismo evidente.
La metáfora sugerida por la muestra y su tí­tulo es elocuente.
Los espacios abandonados y vací­os aparecen sin embargo poblados de espí­ritus: son paisajes del hombre, son huellas del hombre.
El escritor Arthur Conan Doyle (creador del célebre detective Sherlock Holmes) escribió en 1923 su «Alegato a favor de la fotografí­a espiritista» en defensa del fotógrafo William Hope y sus fotografí­as de espí­ritus. Aquellas fotos de Hope captaban espí­ritus de seres muertos mediante trucos fotográficos que luego fueron desenmascarados, pero Conan Doyle continuó siendo fiel creyente en las genuinas propiedades psí­quicas de las fotografí­as de William Hope hasta su muerte en 1930.
Hoy, 80 años después del alegato de Conan Doyle, esta serie de fotos «Hecho en Uruguay», sin presencias humanas ni manchas luminosas que sugieran espí­ritus, dan cuenta, a pesar de su presente cadavérico, de un pasado con chimeneas humeando, con fábricas funcionando, con mujeres y hombres trabajando.
Son fotos llenas de espí­ritus, llenas de historias anónimas de trabajadores que algún dí­a construyeron y mantuvieron ocupadas esas fábricas cuyo abandono y destrucción actual nos interroga sobre el presente así­ como sobre ese pasado vital y el futuro incierto.»


Fermí­n Hontou (OMBÚ)

Héctor Solari: Catástrofes II

A partir del 7 de noviembre comienza en la Sala de Exposiciones de Dodecá la muestra del plástico Héctor Solari.

Fotos, Videos, Textos
La exposición Catástrofes II se enmarca dentro de una propuesta más amplia:

  1. En «Viudas y huérfanos del siglo XX», trabajo expuesto en 1999 en la Stadtgalerie Villa Dessauer, en Bamberg, se intentaba expresar el fracaso de la burguesí­a humanista del s. XIX y su extinción en las trincheras de la 1º Guerra Mundial.
  2. «Alemania-Alemania», obra encargada por el Departamento Cultural del Pabellón Alemán en la Expo2000 en Hannover, para los festejos del Dí­a de la Unificación, tematizaba la búsqueda de la identidad alemana tras el Holocausto y la 2ª Guerra Mundial.
  3. En abril del año 2001, exposición en la Sociedad de Arte de Bamberg. Solari crea «Catástrofes I y Recuerdos» buscando presentar la violencia como forma de un estado de guerra continuo en todas partes del mundo, del cual no necesariamente éramos conscientes y que después del 11 de setiembre se ha instalado definitivamente.