Otros artículos sobre Exposiciones

Lacy Duarte: 87 cajas

En setiembre de 2001, Lacy Duarte inauguró la Sala de Exposiciones de Dodecá con su muestra, «Rastreo de huellas y fracturas«. Luego expondrí­a en el Instituto Goethe la muestra «Territorios», en la cual, como ella lo expresa, reafirma su actitud de «resistencia al embrete»; una actitud de no dejarse llevar por los cantos de la globalización y la posmodernidad. Para ello, una vez más, la vemos aferrándose a la comunicación auténtica y a las tensiones latentes que siente con angustia y expresa con hondura.

El lunes 2 de diciembre Lacy Duarte vuelve a Dodecá con una obra especialmente proyectada para ser mostrada en este espacio.

Acerca del origen de esta muestra, ella nos cuenta :

«Leyendo el diario me paralizó una imagen: 87 cajas de zapatos con una cruz. El texto decí­a: 87 bebés enterrados en cajas de zapatos, nadie los reclamó en el hospital de Rí­o. Me vino el recuerdo de un hombre en el campo que muere cuereando una vaca, lo entierran envuelto con el cuero por no tener cajón. Al no poder hacer otra cosa, dejo una mirada de ternura a esos bebés y a todos los niños globalizados del mundo del desamparo».

87 cajas, un número, una cantidad. Pero son ochenta y siete muertes, las de esos bebés sin reconocimiento alguno. Allí­ la muerte no ha dejado ningún resquicio para la vida. No hay tiempo de vida para esa infancia desolada, deshumanizada en la máxima urgencia de sus necesidades, enterrada sin rituales ni escrúpulos.

En este tiempo de globalidades y soledades, en este mundo donde existen sanatorios equipados con las técnicas más sofisticadas para la reproducción asistida de la vida, hay muchos hospitales donde no hay siquiera féretros para enterrar a los niños desheredados de toda esperanza, que mueren recién nacidos. Lacy lo sabe. Dice que lo leyó en un periódico, aunque tal vez lo sepa de mucho antes. Y tras un momentáneo reconocimiento de su impotencia ante esa situación, desentierra la noticia, desentierra la realidad, y nos la muestra, plasmándola en un ejercicio de exorcismo propio de su arte de venceduras. Así­ nos hace compartir con ella la misma angustia y la misma mirada de dolor y ternura.

Arq. Cristina Bausero

Pedro Peralta: Grabados

Este mes la muestra a realizarse en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Dodecá estará conformada por los grabados de Pedro Peralta, artista de amplia trayectoria.

Pedro Peralta nace en Salto en 1961. Realiza esyudios con Carlos Porro, Osvaldo Paz, Vicente Martí­n y Clever Lara. En 1986 cursa un postgrado de grabado en metal con David Finkbeiner. En la actualidad ejerce como docente en su propio taller.

Peralya retoma la técnica del grabado, la cual tiene una importante tradición en las artes gráficas uruguayas. Entre sus virtudes, el grabado ha permitido la divulgación y popularización de la obra de arte, posibilitando que ésta sea accesible a un amplio público.

La obra de este artista recoge una imaginerí­a popular, local y universal a la vez, recreando un mundo fantasioso en forma muy atractiva y resuelta con absoluta solvencia técnica.

La exposición comprende algunos grabados y una presentación de la técnica en sus sucesivas fases de realización.

Sandra Petrovich: Estos rostros y demás pre-textos

El 7 de octubre se inaugura en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Dodecá, la muestra «Estos rostros y demás pre – textos», dibujo, textos y fotoinstalación, de Sandra Petrovich. La propia artista sugiere acerca de su obra:

«Fragmentos de papel
frágiles
Vagabundos
Efí­meros
Trazos fugaces hechos en la urgencia
Instantes de miradas que interrogan
Textos a pre textos para medir el tiempo
Archivo de la memoria que resiste

Identidad»
Identidad

Roberto Gilmet: «Valijas abiertas»

Recordaba muy especialmente, de la obra de Roberto Gilmet, aquellos objetos que poblaban su entrañable muestra «Entrelí­neas» de 1994 en el Instituto Goethe. La oportunidad de este prólogo permitió que me acercara a otras etapas de un trabajo extenso, con caracterí­sticas singulares. De mesura, de perfil bajo, de búsqueda de una prolongación de experiencias formativas, que no sólo se explican por una situación de cárcel y exilio, sino por una poco usual y por lo tanto destacable actitud de permitirse seguir creciendo en contacto con el aporte de otros creadores. Con oportunidades de trabajo que coinciden con esa sensibilidad y singularidad, junto a Tola Invernizzi, Nelson Ramos y Carlos Seveso.

En estos tiempos de sobreabundancia de elementos anecdóticos, que no siempre se insertan con suficiente capacidad de comunicación en el hecho plástico, Roberto Gilmet ha optado, en la mayorí­a de los momentos más significativos de su trabajo, por proponernos una poética visual que no apela como al poder formal de las letras y/o palabras, sino que se ubica en la interacción de objetos singulares. Estos nos abren, con su coexistencia, el camino para nuestra personal fabulación, al jugar con el tiempo, la memoria, cierta cuota de nostalgia e ironí­a, mucho de amor a la calidad y también la capacidad evocadora de cosas materiales que son también -nuestra-historia. Soldaditos de plomo, personajes de antiguos juguetes, se mueven en la contención espacial generada por hormas de zapatos, por espuelas y viejos libros calados, para proponernos el disfrute a veces inquietante de sus construcciones.

La aventura de llenar valijas con zapatos, camisas, ropa interior de papel y cartón podrí­a tener que ver con esa necesidad de fabular un entorno cotidiano, el más cercano y a la vez impersonal- de todos y de cada uno -, nacida en tiempos de cárcel o exilio *. La opción de mesura expresiva y humor, junto a la capacidad de rescatar cosas banales, lo vincula sin duda, por caminos diferentes, a su maestro Nelson Ramos. También su disfrute en el hacer, y la potenciación expresiva de materiales humildes, mientras que una vertiente pictórica que aparece en el juego con pequeñas bandejas y otros cartones, más algún trozo de metal, justifica su complicidad con Carlos Seveso. Además de cierta irreverencia fantasiosa, en su caso muy controlada, que lo vincula al querido Tola.

Me permito estas referencias, en el caso de un artista que cuenta en su haber con una producción personal y madura, porque creo que importa rescatar los ví­nculos locales enriquecedores, y la continuidad de nuestra historia plástica, en estos momentos de fragmentación cultural y de ombliguismo intelectual.

Arq. Olga Laurnaudie

* Alfredo Torres cita en ese sentido a Ernesto Vila, en su prólogo a la obra del Gilmet expuesta en el Goethe, cuando este dice en su texto «Arte, cárcel y exilio» que «rayar una madera era existir. Inventábamos escrituras y aprendí­amos a leer en ellas. Todo comenzaba a ser sospechosamente igual a una obra de arte».

Andrés Fernández: Piel y Luz

El 5 de agosto se inaugura en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Dodecá, la muestra fotográfica «Piel y luz» de Andrés Fernández. Sobre el artista y sobre su obra, el crí­tico Jorge Abbondanza escribe:

«Los cuerpos de ambos sexos dialogan con la cámara en la obra de Fernández, confirmando varias de sus virtudes ; desde la sensibilidad para trabajar volúmenes y fondos bajo una luz reveladora, hasta el virtuosismo de la técnica que despliega y los niveles de hermosura que alcanza la imagen trabajada con un detenimiento que también es signo visible del afinadí­simo empeño formal del fotógrafo.

Pero en este caso, por tratarse de desnudos, la obra de Fernández adquiere otras cualidades adicionales: una de ellas es la aureola de intimidad que acompaña cada trabajo, campo particularmente delicado donde el artista traspasa la clausura que suele acompañar la exhibición del cuerpo humano y lo hace con una sagacidad más atrayente (y seguramente más valiosa) que el riesgo o el atrevimiento asociados al desnudo fotográfico en un medio provinciano como el nuestro. Otra cualidad consiste en la búsqueda de luces y de sombras, redondeces y perfiles, volúmenes y huecos mediante los cuales el artista traspasa el mero registro de los cuerpos para convertirlos en sostén de una exploración formal que va más allá del logro documental o la opción esteticista, logrando que en ciertos casos el resultado luzca la lí­mpida hermosura de un diagrama y no sólo la expresividad del cuerpo fí­sico que la abastece.

Mientras la fotografí­a mantiene en el circuito plástico local un protagonismo poblado por numerosos estilos, posibilidades expresivas, métodos de manipulación y hallazgos conceptuales, la propuesta de Fernández se inscribe como í­ndice de un talento personal ya notorio en ese terreno que se expande, se enriquece y se diversifica a medida que pasa el tiempo.»

Jorge Abbondanza