Sección Cursos

El cine de Pedro Costa

La propuesta de Pedro Costa (Portugal, 1959) está signada por su conocimiento de la obra de los grandes maestros y su profundo compromiso con su propia forma de ver y entender el cine como creación artística. Esto, sumado al giro estilístico que sufre su carrera a partir de las implicancias éticas de la honestidad del creador, hace que su cine resulte particularmente interesante en el panorama cinematográfico actual.

no-quarto-da-vandaSu búsqueda creativa y la confrontación con la realidad lo conducen a la reevaluación de su manera de hacer cine a partir de su cuarto largometraje (En el cuarto de Vanda), situado en un barrio marginal de Lisboa. Se embarca así en el camino de la depuración de su estilo hacia la reducción de la distancia entre su creación y la realidad que desea aprehender; tarea que emprenderá en solitario.

En términos formales, existen una serie de recursos fundamentales que componen su estilo cinematográfico. En primer lugar se encuentra su uso del fuera de campo visual y sonoro, que puede ser espacial (una acción importante fuera del cuadro y presente por el sonido) o temporal (las personas continuamente relatan sucesos pasados, ubicando temporalmente al espectador por fuera de la escena). A partir de ello se construye la espacialidad del barrio y se brinda al espectador los elementos necesarios, como el piso sonoro que unifica la película, para desentrañar lo oculto y recomponer la realidad. Pedro Costa omite para mostrar, siendo que lo omitido está siempre presente en su ausencia, y extrema —por la misma— su importancia. El plano fijo, recurso que pauta su obra, es trabajado a partir de la luz cambiante, del enfrentamiento de las líneas, del movimiento de las personas que se erigen en volúmenes y del sonido del ambiente y de los relatos que lo atraviesan desde distintos lugares dentro y fuera de cuadro; elementos que buscan tensionar el plano y desequilibrar así su aparente estatismo.

En su siguiente película (¿Dónde yace tu sonrisa escondida?) Costa aborda el proceso creativo de los directores Jean-Marie Straub y Danielle Huillet, registrando la etapa de montaje de uno de sus films. Traslada sus recursos para capturar la tensión creativa de los realizadores y se sumerge en su universo teórico y estético, obtenido a partir de la reflexión continua sobre su trabajo y la materia que compone su arte. Straub y Huillet abogan por la noción de que el cine se halla en la sutura de los planos, dónde empiezan y dónde terminan. Costa profundiza, a partir de ello, en la relación entre forma y contenido en su propia obra.

pedro_costaSi bien documentar una realidad no es su objetivo principal, su obra se orienta hacia la aproximación de una verdad, que, según él, debe ser recogida a partir del trabajo con la sensibilidad del propio creador, y debe ser recompuesta por aquel espectador que esté dispuesto a hacerlo. Pareciera querer sugerir que la verdad no puede ser dada por el realizador, sino sólo sembrada. Su aproximación a un formalismo le da la mano a la prescindencia de los excesos, a una simplificación que no implica minimalismo sino una búsqueda de lo esencial. Con Juventud en marcha depura su estilo y se vuelca hacia un formalismo más acusado. Refina la concepción del plano y su tensión, así como la captura del fluir de las palabras recitadas por las personas-personajes. Según él “las grandes películas son, al mismo tiempo, muy realistas y poco realistas, muy naturales como artificiosas […]”.

Cabría preguntarse si en la pugna entre idea y forma no termina por imponer, a partir del estilo, la sensibilidad que fue a buscar en primer lugar, y si esta sensibilidad encausada en el formalismo no encubre la misma verdad que intentaba develar. Sigue siendo, no obstante, el espectador quien, en última instancia, posee la responsabilidad de dilucidar lo esencial que pueda encerrar la abstracción del director. Pedro Costa sería el primero en admitir que su búsqueda no estriba en una idolatrada originalidad, sino todo lo contrario, ir hacia los orígenes sustenta su creación artística:

Ustedes, directores, que quieren hacer películas, ustedes deben trabajar en cada plano, en cada imagen, en cada parlamento de un actor, en cada sonido, deben trabajar como si estuvieran haciendo el primer plano jamás filmado, el primer sonido jamás escuchado. Eso no significa originalidad o algo por el estilo. En lo más mínimo, en verdad es exactamente lo contrario. Es una cuestión de trabajar con los sentimientos más antiguos, como lo hiciera Chaplin. Él trabajó, trabajó y trabajó, para mostrar sentimientos como si fuera la primera vez”.

La escuela en el 8º Festival de Cine «Nueva Mirada»

Nos complace anunciar que los cortometrajes La bota y La pieza, realizados por estudiantes de la Generación 2008 de la Escuela de Cine Dodecá, han sido seleccionados y participarán en la competencia oficial del 8º. Festival Internacional de Cine «Nueva Mirada» a realizarse en la ciudad de Buenos Aires entre el 3 y el 9 de setiembre próximos.

El Festival Internacional de Cine «Nueva Mirada» para la Infancia y la Juventud es un proyecto que lleva a cabo la Asociación Nueva Mirada con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), y el auspicio de: Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Ministerio de Turismo y Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación), DINAJU (Dirección Nacional de Juventud), del Ministerio de Desarrollo Social, Canal 7, UNESCO, UNICEF, SADOP (Sindicato Argentino de Docentes Privados), SAT (Sindicato Argentino de televisión), FluxAnimation Studies, Kodak Argentina, Laboratorios Cine Color, Film Suez entre otras organizaciones, instituciones y empresas.

Esta es la cuarta vez que cortometrajes realizados por la Escuela de Cine Dodecá participan en este Festival. A los realizadores de La bota y La pieza, vayan nuestras felicitaciones.

El cine de Roman Polanski

La obra de Roman Polanski se construye en torno a atmósferas peculiares, a espacios y tiempos distintos en los cuales sus personajes se desarrollan y relacionan. En sus primeros cortometrajes realizados en la Escuela de Lodz en Polonia durante la década del ’50, Roman Polanski esboza el universo cinematográfico y conceptual que más tarde desarrollará en sus poco menos de veinte largometrajes. En apariencia tan disímil por su vastedad y lo variopinto de los géneros abordados, el cine de Polanski define su estilo a partir de una serie de elementos que lo atraviesan cohesivamente.

El uso de estructuras circulares es un recurso estético presente en prácticamente toda su obra. Si bien su empleo puede ser más o menos evidente, más o menos abstracto, el regreso al punto de partida, habiendo adquirido otro conocimiento a partir del desarrollo de los hechos, construye siempre en el espectador una impresión esencialmente distinta de la misma situación (Repulsión¿Qué?, Perversa luna de hiel). El espectador es siempre el observador privilegiado para percibir la doble capacidad de mostrarse de la imagen; un aspecto que remite a otro elemento del compendio cinematográfico de Polanski, el «voyeur». Recurso a partir del cual el espectador, en un constante juego de ubicarse desde los personajes o junto a ellos, observa sin ser visto una imagen que lo compromete en su atracción y repulsión.

Los climas opresivos de sus películas son representados a partir de diversos escenarios: éstos pueden tener lugar tanto en amplios espacios exteriores (es el caso del mar en El cuchillo bajo el agua o la campiña británica en Tess) como en enrarecidos ambientes interiores (RepulsiónEl bebé de RosemaryEl inquilino). Estos climas en los que sume a sus personajes (los escenarios y locaciones, el gran trabajo de arte, la fotografía, el diseño de sonido y el diseño de producción) constituyen el marco en el que Polanski explora los dispositivos oscuros de la mente humana e intenta desentrañar las motivaciones profundas de sus personajes dentro de sus relaciones interpersonales, así como la imagen que obtienen de sí mismos al verse reflejados en los otros.

En este sentido, la angulación y la composición del cuadro son elaboradas en función de los lazos de poder establecidos; su cambio y movimiento da cuenta, a su vez, de los pendulares vaivenes y fluctuaciones que tienen estas relaciones entre los personajes (desde El cuchillo bajo el agua hasta La muerte y la doncella, pasando por Chinatown y obteniendo su mayor grado de depuración en Cul-de-sac). Las disputas se representan compositivamente en el espacio cinematográfico y en el movimiento de la escena en el tiempo (Macbeth), trabajados mediante la unidad específica de lenguaje cinematográfico en el cine de Polanski: el plano secuencia. Los personajes entran y salen de cuadro acompañados o dejados de lado por la cámara mientras el encuadre se recompone constantemente.

La construcción del punto de vista se realiza a partir del fluir entre lo neutro y lo subjetivo, estableciendo la transición como un continuum dentro del plano secuencia (El inquilinoMacbeth). A partir de la puesta en escena Polanski une los personajes y establece la conexión entre los distintos hilos de la trama; pudiendo representar un inicio azaroso a partir de un cruce de caminos que pauta con fatalidad el desenlace de la historia (Tess, donde el comienzo es evocado en el final por el espectador hilando así a la distancia la estructura circular característica de su cine).

Polanski es, a fin de cuentas, un realizador que demuestra su solvencia estética en la construcción de un cohesivo estilo propio que permanece a pesar de los altibajos de su obra, inseparables de las turbulencias de su vida. Así como enfrenta a sus personajes al reflejo que los otros les devuelven, Polanski debe, en última instancia, enfrentarse a sí mismo —y a su arte— bajo su propio y particular reflejo, sus películas.

Este mes finaliza el curso de lenguaje cinematográfico El cine de Roman Polanski dictado por el Soc. Alejandro Ventura.

Juventud y Economía Global

Mucho se ha hablado de la economía global en las últimas décadas. Mucho se ha discutido sobre esas tendencias sistémicas y sistemáticas del desarrollo de las fuerzas productivas, de las relaciones sociales de producción, del comercio y de las finanzas, del transporte y de las comunicaciones dispuestas a convertir al mundo en un solo mundo: un territorio único; un mercado único; una cultura única; un pensamiento único. A caballo de esas tendencias, el capitalismo —colonial primero, imperial después, finalmente global— ha resultado triunfante. Incuestionado e incuestionable, domina en todas y cada una de las sociedades, ya sea en sus dimensiones macro o micro, públicas o privadas.A lo largo de la historia, la globalización de la economía no estuvo exenta de períodos de crisis. Estas se han sucedido de manera cíclica con mayor o menor profundidad, con mayor o menor impacto. Y el sistema capitalista parecía salir fortalecido después de cada crisis. No obstante, desde hace unos años, más agudamente en el último período, y más precisamente en los países centrales (EEUU, Europa, Japón) una serie de señales alertan sobre una posible parálisis de esta maquinaria global: estancamiento, recesión, agotamiento, senectud.

Primero fueron las finanzas globales las que dieron el síntoma más claro de la magnitud de esta última crisis: caídas en picada y en cadena de las bolsas de acciones; quiebra de bancos, cajas de ahorro, empresas de crédito; ejecución de planes de auxilio de los Estados para salvar con cifras de más de doce ceros a entidades y corporaciones que perdieron sus fichas en el casino mundial de la especulación financiera. Luego, la crisis comenzó a mostrar su profundidad (quizás su auténtica matriz) en los índices de crecimiento negativo de la economía real: desempleo, caída de la producción, el consumo y la inversión. Se especuló sobre las posibilidades de que ciertas regiones emergentes (China, Sudeste Asiático, Brasil, etc.) se «desengancharan» de la crisis, pero la globalidad efectiva de la economía se mostró en toda su magnitud: no hay eslabones sueltos en la cadena de la economía mundial. El famoso aleteo de la mariposa neoyorquina terminó provocando un huracán en Pekín, Bombay, Moscú, Ciudad del Cabo, San Pablo…

¿Y qué tiene que ver todo esto con la juventud?: Poco y mucho.

Poco, porque la inmensa mayoría de los jóvenes parecen estar por fuera o pasar de largo ante estas cuestiones que involucran sofisticados y complejos mecanismos de política económica y de economía política. Más allá de las manifestaciones que muchos jóvenes «altermundistas» han protagonizado con ocasión de la realización de distintas cumbres mundiales de líderes políticos y representantes del poder económico, las cuestiones de economía parecen resultarle del todo ajenas a la gran mayoría de la juventud.

Mucho, porque la constitución de la juventud como categoría global —considerada en su carácter social y cultural— está directamente relacionada con la imposición económica de la globalización. Fue a mediados del siglo pasado, por la época en que la globalización comenzó a imponerse sin discusión, cuando la juventud tomó una faz planetaria: ya fuera que se manifestara en rebeldía, a través de movimientos sub y contra culturales, o que lo hiciera de forma conformista, adoptando el sistema de la moda y el consumismo uniforme. Y hoy día, cuando las crisis se suceden y profundizan, es la juventud el grupo social que se resiente en primer lugar: los indicadores de pobreza, exclusión y desempleo, son más altos cuanto menor es la edad de las poblaciones consideradas.

Atendiendo a estos dos aspectos —la desinformación y el impacto que la economía global tiene sobre la juventud— es que proponemos este curso de Cine. Nos interesa considerar la dimensión real de la crisis económica actual y el modo en que impacta en la juventud de nuestra época. Y nos interesa hacerlo de manera tal que los propios jóvenes puedan hacerse una idea clara sobre estos asuntos que, seguramente, no les son ni les serán ajenos.

«Entre las vías» obtuvo el premio del público al mejor cortometraje en Montevideo Fantástico

Nos complace anunciar que el cortometraje Entre las vías, realizado por estudiantes del Curso Superior de la Escuela de Cine Dodecá, obtuvo el premio del público al Mejor Cortometraje Uruguayo del IV Festival Internacional de Terror y Ciencia Ficción en Uruguay _ Montevideo Fantástico que tuvo lugar entre el 15 y el 22 de mayo en la sala del Cine Universitario.

Montevideo Fantástico es el único festival especializado en películas de terror, fantasía y ciencia ficción en Uruguay. El primer Montevideo Fantástico se realizó en 2005 con el fin de dar difusión y cabida a materiales que no podían encontrar un espacio de exhibición en Uruguay. Este IV Festival, organizado por Arte 7, había seleccionado además el cortometraje La cosa hecho también por estudiantes del curso de profundización, el cual tuvo muy buena acogida por parte del público.

Nuestras felicitaciones para los realizadores.

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