(…) La mayor duración de las películas y la llegada del sonoro en los años veinte propician el desarrollo de la comedia propiamente dicha, en oposición al cine cómico y burlesco del cine mudo. La mayor complejidad de las historias y la evolución del humor desde la pantomima al gag y a los diálogos superponen la retirada o cierto eclipse de los cómicos (Chaplin, Buster Keaton, Harry Langdon, Harold Lloyd, etc.), con las excepciones de Stan Laurel y Oliver Hardy; por el contrario, los actores especializados o no (Cary Grant, Carole Lombard, James Stewart, Claudette Colbert o Clark Gable), pero capaces de interpretaciones con variedad de registros, son uno de los factores básicos para el éxito de la fórmula.
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El cine de Charles Chaplin
Tiempos modernos no es pues más que una sucesión de situaciones cómicas cuyo protagonista es Charlot, y el tema común la vida industrial y sus consecuencias. En este aspecto es cierto que el filmees bastante distinto a los largometrajes precedentes y en especial a Luces de la ciudad, considerado a menudo su obra maestra; pero quizá sea precisamente ahí donde reside su superioridad. Seguir leyendo
Vacaciones de julio
Para las vacaciones de julio la programación del Centro Cultural Dodecá se concentra en las películas del cine burlesco clásico, además del humor peculiar de Jacques Tati. Esta saga continuará hacia fin de mes con la exhibición de otras películas de cine de humor, a los efectos de transversalizar las caracterísitcas del cine burlesco clásico y cómo éstas llegan al humor más contemporáneo.
El cine burlesco
Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd

El burlesco es la forma originaria del cine cómico que tiene como rasgos característicos los sucesos disparatados, las persecuciones frenéticas, las bofetadas y las batallas con tarta de crema, las actrices bonitas, el conflicto con agentes de la autoridad, etc. Basa su atractivo no en las historias narradas, sino en la sucesión de gags donde la dosificación y el ritmo matemáticos llegan al virtuosismo. El humor es ingenuo y absurdo, fruto de la violencia primitiva y las situaciones físicas más que de la dimensión psicológica de los personajes, pero ello no significa renunciar a la crítica de valores y actitudes sociales, sobre todo cuando deviene más transgresor por irreverente e impúdico.
Dentro del género conviven varias tradiciones e influencias: las formas de espectáculos populares (commedia dell’arte, vodevil, pantomima, musichall), los cómicos franceses como Max Linder y el humor judío y alemán. El burlesco abarca especializaciones, como las parodias familiares, las series interpretadas por un actor, la comedia slapstick (torta+bastón), la comedia civilizada, la crazy comedy, etc.

Surge hacia 1908 con directores como Ben Turpin y Mack Sennett que crean auténticas obras colectivas; en las dos décadas siguientes conoce una edad de oro con las películas de dos bobinas hechas según fórmulas estereotipadas y donde despuntan los grandes cómicos: Charles Chaplin, Buster Keaton, Harold Lloyd y Harry Langdon (…)
A Mack Sennett (1880-1960) se le considera inventor de la slapstick comedy un género que estiliza la subversión del orden establecido, ya que los valores como el trabajo, el dinero, los principios morales o el orden social aparecen ridiculizados; con las Bathings Beauties otorga toques de erotismo a sus películas. El cine de Sennett fue apreciado por la crítica, incluidos los surrealistas franceses, aunque se le reprocha la falta de sutileza y de desarrollo visual de los gags.
De él se ha escrito: «Haciendo brotar el absurdo en todo momento, creando relaciones insólitas, introduciendo el movimiento no sólo en la acción sino en la continuidad del film, en la movilidad de las imágenes, dotó a sus comedias de dinamismo prodigioso y fue uno de los primeros en hacer sentir a los espectadores la potencia del ritmo a través de la exageración de éste. La precipitación se convirtió a su vez en la fuente de la nueva comicidad, debido a la estructura del film. De hecho, la crueldad —ingenua, espontánea, pero terriblemente lógica en lo absurdo— se convirtió en una fuente suplementaria de comicidad (…) Y la acción burlesca, conducida con un ritmo trepidante, llevaba a una persecución en la que una catástrofe imprevista ponía el punto final» (Jean Mitry).
José Luis Sánchez Noriega,
Historia del cine.
John Ford: director de directores II
Luego del impasse realizado durante los meses de abril y mayo para la realización del Seminario Mujer | Explotación retomamos la retrospectiva de la obra de John Ford.
«Durante la Segunda Guerra Mundial, los reconocimientos profesionales fueron superiores a los de la crítica, y pasó a darse por sentado al hablar de él (John Ford) que era un maestro clásico, uno de los mejores directores de Hollywood de la preguerra (…). Después de la guerra, esa condición de Dios Olímpico del cine jugó en su contra porque sus películas ya no eran valoradas como merecían por sí mismas, en comparación con sus hermanas más antiguas, sino que eran rápida y superficialmente aceptadas y despachadas como muestras del buen hacer del maestro (…). Sólo muy lentamente y, debido a circunstancias excepcionales, su nombre fue reivindicado desde la segunda mitad de los ’50 en adelante, cada vez con más fuerza, cada vez con más seguridad de considerarle acertadamente como uno de los mejores cineastas de todos los tiempos (…). Partieron de cavilaciones ideológicas o sentimentales, como la que protagonizara Jean-Luc Godard ante el desenlace del film The Searchers (Más corazón que odio, 1956) cuando manifestaba no entender cómo podía odiar a John Wayne por apoyar a Godwater en la política de su país y, simultaneamente, amarle cuando levantaba a Natalie Wood en sus brazos al final del film. Siguieron a través del cambio profesional que se operó
en François Truffaut cuando dejó la crítica y pasó a realizar cine, lo que hizo contemplar la obra del irlandés desde otro punto de vista, el profesional, haciendo que de detestarle pasase a admirarle. Obtuvo su más fuerte lanzamiento cuando los universitarios e intelectuales de todo el mundo declararon a mitad de los 60 su admiración incondicional por el viejo Ford y su cine, haciéndoles objeto de estudio y de homenaje, lo que hasta entonces hubiera sido impensable. (…) la industria de Hollywood, unánimemente, creaba el Life Achievement Award para dárselo antes de morir (el más alto premio en el mundo del cine en reconocimiento a toda una vida de aciertos artísticos y económicos). Lo cierto es que la obra de Ford ha empezado a tener reconocimientos críticos eficaces, realistas, acertados, desde finales de los años 60…».
Francisco Urkijo Javier, John Ford, Cátedra, Madrid, 1996


