Otros artículos sobre Arte

Actuación, Arte y Fotografí­a

Actualización: Están abiertas las inscripciones para los cursos de Actuación y Fotografí­a 2007.

Comienzan los cursos de Actuación para Cine, a cargo de Carlos Frasca, de Fotografí­a, a cargo de Oscar Bonilla y de Arte con Cristina Bausero, en la Escuela de Cine Dodecá.

Por inscripciones e información, comunicarse con Secretarí­a de la Escuela de Cine Dodecá (600 08 87).

Lacy Duarte por Nelson Di Maggio

A partir del martes, a las 19.30 horas, el Centro Cultural Dodecá inaugurará su temporada con Detalle de Lacy Duarte.

Salteña, con estudios de pintura con José Cziffery y de tapiz con Ernesto Aroztegui, su obra osciló entre una y otra modalidad expresiva. En ambas supo distinguirse (y ser distinguida): recibió el Premio NMB Bank en 1989, por una obra de fuerte contenido erótico y posteriormente, comenzó a indagar en los recuerdos de infancia en el terruño natal, en pintura e instalaciones. Así­, compareció en el pabellón uruguayo en la última bienal de Venecia que ya habí­a anticipado en varias oportunidades en recordadas instalaciones en la Colección Engelman Ost y el Museo Blanes. «Desafiando apariencias de sencillez y de ingenuidad, Lacy Duarte elabora desde el trabajadí­simo color, las estilizadas formas rústicas y los amasados elementos «naturales», un complejo mundo que repite, rí­tmicamente, las presencias constantes de la infancia rural. Llega, con ellas, a la abstracción; y vuelve a iniciar, cada vez, el ciclo de las presencias del recuerdo», conjetura Alicia Migdal desde el catálogo.

Detalle

Expone: Lacy Duarte

Inauguración: 21 de marzo.
La muestra se podrá visitar en el horario de miércoles a domingos entre 18 y 22 hs. y permanecerá hasta el 13 de mayo de 2006.

Los signos de lo atávico. El detalle supone una situación circunstancial, un pormenor; también un gesto de amabilidad de alguien hacia un prójimo; asimismo una dedicación a lo que no está en el centro, a lo que queda fuera de foco, lo que se puede extrapolar. Sobre todo, un mirar por partes, por amor a lo aparentemente oculto o no visualizable, por curiosidad hacia algo lateral que resulta central.

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Grandes maestros

En una época en que se pretenden abolir las distancias entre alta y baja cultura, cultura artí­stica y cultura popular, arte y espectáculo: ¿tiene sentido hablar de los grandes maestros del cine? Una vez que se ha decretado el fin del arte, de las ideologí­as, de las utopí­as y de tantas otras cuestiones sustantivas: ¿no serí­a ya el tiempo de decretar también el fin de los grandes maestros?

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Ante lo frágil: Suci Viera

Por Pablo Thiago Rocca

Luego del interesante fotorreportaje de los «peludos» del norte, Bella caña, dulce Unión, Suci Viera propone una experiencia fotográfica muy distinta en formato y lenguaje, pero igual de contundente en sus aspiraciones.* …

Hay apenas cuatro o cinco registros. El primero de ellos, un cuadrito que presenta dos fotos amateurs, la de una niña y, suponemos, la madre de esa niña, posee la apariencia de una casa. Las maderitas del marco semejan un techo con dos columnas y un piso que lo sostiene. Añeja, planchada pero con arrugas persistentes, la foto de esta niña, que hunde los pies en la arena de un rí­o, posee el aura de los recuerdos impactados (la luminosa presencia del rí­o remite inevitablemente a la máxima heraclitana) y una composición sencilla pero muy efectiva. La foto de la madre también es simple y sobrecogedora. Está un poco fuera de foco y con el horizonte inclinado, pero es amable con la mujer de mirada esquiva y apacible que se toma los codos desnudos en la reja. Unos cortinados le caen sobre sus hombros y esto trasunta cierta dulzura que invita a un mundo í­ntimo, sedoso, que la madre custodia y que comenzarí­a precisamente en el gesto enigmático de la boca o en la oscuridad que se abre a sus espaldas (las fotos fueron tomadas por Manuel Viera). En ese primer cuadrito ya está el cuadro familiar completo, en sus implicancias simbólicas.

Luego vienen las tres grandes impresiones digitales distribuidas en la pequeña sala. Son imágenes que a primera vista el observador identifica como caderas femeninas, vientres y ombligos, túneles oscuros que llevan hacia alguna parte. Lo más probable es que esas enormes imágenes hayan sido tomadas de objetos más bien nimios, más pequeños que el cuerpo femenino que evocan. Detrás de esta económica exposición está como agazapada la noción de los «equivalentes» de Alfred Stieglitz o las trampas oní­ricas de René Magritte. Las relaciones metafóricas entre los motivos (madre, hija, ombligo, cuerpo femenino) son construidas por el observador a partir de una sintaxis sugerida por la artista. Tienen algo de la imaginación que encuentra en las nubes formas de barcos y animales y que traza parentescos olí­mpicos en las constelaciones de astros. Se juntan cosas pertenecientes a mundos diversos y se transfieren a un espacio común donde encuentran un nuevo sentido. Las fotos reclaman, pues, una mayor potencia imaginativa del observador, del mismo modo que lo obligan a romper el precinto de hilo que sella el catálogo para escudriñar en su interior (cortando, a la vez, el cordón que ata en el papel a las imágenes de hija y madre).

Todo este juego de «conexiones ocultas» es menos intrincado de lo que parece expresado con palabras. Las relaciones son formales, «musicales«, dirí­a Stieglitz: se apoyan en la sugerencia estructural y en el despojamiento de los detalles. La reflexión está planteada desde una perspectiva de género nada ampulosa, un registro emparentado con la poética doméstica de Magela Ferrero, fotógrafa y curadora de la muestra: «La madre |escribe en el catálogo| lo contempla todo, tiene el cabello calmo y un suéter bonito, y una belleza… Parece entender la importancia de la alegrí­a, ante lo frágil que puede resultar la permanencia en el tiempo de nuestro rostro«. La extrema cercaní­a de la foto entre madre e hija conduce al visitante, desde el comienzo del recorrido, hacia una apreciación bastante uní­voca de los «equivalentes«, y las conexiones resultan por ello menos ocultas de lo que parecerí­a pretenderse. Es difí­cil buscar el término medio para que las analogí­as no resulten obvias ni permanezcan herméticas. Pero ese es un riesgo que conllevan todas las miradas –frágiles, personales– dirigidas hacia el pasado.

* Conexiones ocultas, Centro Cultural Dodecá, San Nicolás 1306.
Publicado en Brecha | Suplemento El Ocho | Página 6 | 4 de noviembre de 2005