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Continúa el curso «Mujer, Juventud y Familia»

Han transcurrido dos clases del curso de Cine y Sociedad _ Mujer, Juventud y Familia en las que se abordaron tres películas: La joven vida de Juno (Jason Reitman, EEUU 2007), Mooladé (Ousmane Sembene, Senegal 2005) y Sin techo ni ley (Agnès Varda, Francia 1985).

A través de estas obras hemos recorrido las realidades de jóvenes mujeres insertas en contextos cul- turalmente diversos: la de la adolescente americana embarazada para la cual su familia representa un refugio de estabilidad y comprensión –Juno-, la de la madre que en un pueblo africano se rebela contra el orden patriarcal del poblado –Mooladé-, y la de la joven que rechaza las estructuras básicas de la sociedad y muere de frío en una zanja –Sin techo ni ley-.

En el análisis cinematográfico de estas películas hemos observado cómo distintos recursos cinematográficos, tales como la voz en off, el monólogo interior y el uso de la música, son utilizados con la finalidad de conseguir la empatía del espectador, su participación afectiva en una realidad que le es ajena y su cercanía emocional con el personaje que guía la historia. También hemos cuestionado la au- tenticidad de dicho ánimo empático: el hecho de que el realizador nos coloque dentro de su mundo ficticio no implica que éste sea auténtico o verdadero y esto es evidenciado en la resolución de las his- torias y las decisiones que toman sus personajes.

Desde una perspectiva diferente en el arte cinematográfico, la del distanciamiento, y de la mano de Agnés Vardá, seguimos los pasos de un persona- je cuyo trayecto se erige en metáfora brutal de la decadencia de nuestras sociedades actuales, nos confronta como espectadores y exige nuestra participación reflexiva.

Las distintas construcciones dramáticas de estas películas evidencian la necesidad del análisis de la utilización del lenguaje cinematográfico a través del cual los realizadores expresan su visión del mundo y su posición moral respecto de cuestiones humanas fundamentales como los son las de la mujer, la juventud y la familia.

El curso continúa durante los meses de abril y mayo.

Juventud y Economía Global

Mucho se ha hablado de la economía global en las últimas décadas. Mucho se ha discutido sobre esas tendencias sistémicas y sistemáticas del desarrollo de las fuerzas productivas, de las relaciones sociales de producción, del comercio y de las finanzas, del transporte y de las comunicaciones dispuestas a convertir al mundo en un solo mundo: un territorio único; un mercado único; una cultura única; un pensamiento único. A caballo de esas tendencias, el capitalismo —colonial primero, imperial después, finalmente global— ha resultado triunfante. Incuestionado e incuestionable, domina en todas y cada una de las sociedades, ya sea en sus dimensiones macro o micro, públicas o privadas.A lo largo de la historia, la globalización de la economía no estuvo exenta de períodos de crisis. Estas se han sucedido de manera cíclica con mayor o menor profundidad, con mayor o menor impacto. Y el sistema capitalista parecía salir fortalecido después de cada crisis. No obstante, desde hace unos años, más agudamente en el último período, y más precisamente en los países centrales (EEUU, Europa, Japón) una serie de señales alertan sobre una posible parálisis de esta maquinaria global: estancamiento, recesión, agotamiento, senectud.

Primero fueron las finanzas globales las que dieron el síntoma más claro de la magnitud de esta última crisis: caídas en picada y en cadena de las bolsas de acciones; quiebra de bancos, cajas de ahorro, empresas de crédito; ejecución de planes de auxilio de los Estados para salvar con cifras de más de doce ceros a entidades y corporaciones que perdieron sus fichas en el casino mundial de la especulación financiera. Luego, la crisis comenzó a mostrar su profundidad (quizás su auténtica matriz) en los índices de crecimiento negativo de la economía real: desempleo, caída de la producción, el consumo y la inversión. Se especuló sobre las posibilidades de que ciertas regiones emergentes (China, Sudeste Asiático, Brasil, etc.) se «desengancharan» de la crisis, pero la globalidad efectiva de la economía se mostró en toda su magnitud: no hay eslabones sueltos en la cadena de la economía mundial. El famoso aleteo de la mariposa neoyorquina terminó provocando un huracán en Pekín, Bombay, Moscú, Ciudad del Cabo, San Pablo…

¿Y qué tiene que ver todo esto con la juventud?: Poco y mucho.

Poco, porque la inmensa mayoría de los jóvenes parecen estar por fuera o pasar de largo ante estas cuestiones que involucran sofisticados y complejos mecanismos de política económica y de economía política. Más allá de las manifestaciones que muchos jóvenes «altermundistas» han protagonizado con ocasión de la realización de distintas cumbres mundiales de líderes políticos y representantes del poder económico, las cuestiones de economía parecen resultarle del todo ajenas a la gran mayoría de la juventud.

Mucho, porque la constitución de la juventud como categoría global —considerada en su carácter social y cultural— está directamente relacionada con la imposición económica de la globalización. Fue a mediados del siglo pasado, por la época en que la globalización comenzó a imponerse sin discusión, cuando la juventud tomó una faz planetaria: ya fuera que se manifestara en rebeldía, a través de movimientos sub y contra culturales, o que lo hiciera de forma conformista, adoptando el sistema de la moda y el consumismo uniforme. Y hoy día, cuando las crisis se suceden y profundizan, es la juventud el grupo social que se resiente en primer lugar: los indicadores de pobreza, exclusión y desempleo, son más altos cuanto menor es la edad de las poblaciones consideradas.

Atendiendo a estos dos aspectos —la desinformación y el impacto que la economía global tiene sobre la juventud— es que proponemos este curso de Cine. Nos interesa considerar la dimensión real de la crisis económica actual y el modo en que impacta en la juventud de nuestra época. Y nos interesa hacerlo de manera tal que los propios jóvenes puedan hacerse una idea clara sobre estos asuntos que, seguramente, no les son ni les serán ajenos.

Lo empático y lo auténtico

Han transcurrido tres clases del curso de lenguaje cinematográfico Las Jóvenes en las que se abordaron cinco películas: Amelie (Jean Pierre Jeunet, Francia 2001), A los trece (Catherine Hardwicke, Estados Unidos 2003), La joven vida de Juno (Jason Reitman, EEUU 2007), Ya pasó todo (Belén Baptista & Santiago Ventura, Uruguay 2008) y Bienvenidos a la casa de muñecas (Todd Solondz, EEUU 1995).

A partir del análisis de películas en apariencia tan disímiles como Amelie, A los trece y La joven vida de Juno, se observó cómo distintos recursos cinematográficos son utilizados para la misma finalidad: la consecución de la empatía del espectador, su participación afectiva y emocional en una realidad que le es ajena.

amelieEn el caso de Amelie, el uso que se hace de la voz en off introduce al espectador en la historia y lo coloca en el lugar de la protagonista, introduciéndonos cómodamente en un mundo naïf y fantástico donde fácilmente es posible cambiar el curso de los acontecimientos y la vida de las personas. En Juno, el monólogo interior de la protagonista nos da la mano para acceder rápidamente a un mundo igualmente encantador. En el caso de A los trece, el empleo de la «técnica documental» de registro de las imágenes (cámara inquieta, móvil) proporciona la participación afectiva del público: es, siguiendo una lectura muy común, «como si estuviéramos allí», en el lugar de los hechos.

Es así que el ánimo empático de estas realizaciones se empeña en acercarnos a sus jóvenes protagonistas, a vivir la historia junto a ellas. Sin embargo, y a pesar de que éste parecería ser el primer motivo por el cual estarían presentes estos recursos, queda siempre la interrogante de qué es lo que realmente piensan o sienten las protagonistas.

No necesariamente empatía es sinónimo de autenticidad. El hecho de que el realizador nos coloque dentro de su mundo ficticio no implica que éste sea auténtico o verdadero y esto queda claramente revelado en la feliz resolución de cualquiera de estas tres historias.

En el marco de este análisis, una película como Bienvenidos a la casa de muñecas se presenta como una realización totalmente distinta en cuanto que no se propone la empatía con la joven protagonista que, desde el principio al final, es objeto de ininterrumpidas agresiones. De la misma manera que en Ya pasó todo, la intención no es participar de la afectividad del personaje sino tan solo acompañarlo a la distancia. No se usan aquí aquellos recursos cinematográficos que nos acercan a la emoción. El espectador sabe que está viendo una película y esa distancia perturbardora lo insta a la reflexión.

dollhouseCoherentemente con su voluntad no empática, el comportamiento de la protagonista de Bienvenidos a la casa de muñecas es tan objetable y cruel como el de todos los demás ya que Solondz se niega a dotarla de un carácter distinto y bueno. Sin embargo, la recreación en esta película de una sociedad que tras su fachada ordenada oculta la destrucción, la soledad, incomunicación, crueldad e hipocresía de sus individuos, es tanto más sobrecogedora y potente que la construcción de las películas anteriores debido a su mayor autenticidad y honestidad.

En Bienvenidos a la casa de muñecas como en Ya pasó todo las historias de las protagonistas no se resuelven, pero las interrogantes sobre los personajes y la sociedad en la que están insertos han quedado planteadas.

De esta misma manera podemos confrontar el uso de la técnica documental de A los trece con el de Sin techo ni ley (Agnès Varda, Francia 1985). Mientras que de la primera obtenemos un dudoso acercamiento al proceso de una joven en un entorno destructivo, en la segunda seguimos los pasos de un personaje que, sin ser tal, nos confronta, y cuyo trayecto se erige en metáfora brutal de la decadencia de nuestras sociedades actuales, mucho más dramática, si se quiere, en su distanciamiento.

Curso de cine y juventud: Las jóvenes

El curso estará a cargo del Sociólogo Alejandro Ventura, docente de la Escuela de Cine Dodecá. Se desarrollará en base a ciclos de cine temáticos y clases de análisis. Las clases son de una hora de duración, los viernes a las 19hs. y los filmes se exhiben en distintos días según la programación de Dodecá.

Inicio: viernes 6 de marzo

De plano

A PROPÓSITO DE LA MUESTRA FOTOGRAFÍAS DE ESTUDIANTES DEL CURSO SUPERIOR DE LA ESCUELA DE CINE DODECÁ.

La capacidad de recordar necesita del olvido. Desde el Funes de Borges, hasta aquí, sabemos bien que no podemos recordar todo lo que hemos visto, sentido y oído: eso sería un desastre emocional; sería algo imposible e insufrible.

Y sin embargo, el olvido se enseñorea fácilmente de nuestros sentidos y debilita la memoria. Cuantas más imágenes percibimos —y en nuestras sociedades cada vez estamos más expuestos a percibir imágenes, símbolos, mensajes—, más grande es la facilidad con que las olvidamos. Uno podría pensar que olvidamos lo que hemos mirado incluso antes de llegar a recordarlo por un sólo instante. Quizás por ello la fotografía, esa capacidad técnica que tenemos de fijar y reproducir lo mirado sobre un soporte material (papel, pantallas) desempeña un rol importante en el equilibrio inestable entre mirada, recuerdo y olvido. La fotografía reparte los tantos, otorgándole al recuerdo un refugio contra el olvido, al olvido la potencialidad de importunar el presente y, a la vez, dotando a la mirada de la capacidad de fijarse en aquello de lo que no podrán hacerse cargo ni el olvido ni la memoria, anticipándose al transcurso implacable del tiempo y deteniéndolo como en un hito de luminosidad.

Sí: la fotografía ayuda a construir una mirada atemporal. Cuando esa construcción se logra, la mirada se hace idea, y la idea se entrega materializada en una imagen de la realidad. Una peculiar realidad: la del arte de la fotografía, la de la creación de imágenes que salen del tiempo: no tendrán pasado, no tuvieron futuro, las esquivó el presente, son imágenes que saltean el movimiento de la ubicuidad. No cualquier fotografía logra eso. Sólo lo hace aquella que se predispone a mirar y, ya lo dijimos, a construir poéticamente el mundo.

He aquí una muestra de fotografías artísticas —y, por qué no, poéticas—, realizadas por los estudiantes de la Escuela de Cine Dodecá del Curso de Fotografía dictado en 2008 por Juan Ángel Urruzola.

Cucharitas de té que se encubren bajo la cobertura de papel de plomo y recogen en su ausencia una porción de color, para dar la sola idea, casi pura, del color rojo, operando en contraste con la plomiza desaparición de la vida cotidiana (Belén Baptista).

Unos rostros que se desfiguran monstruosamente para que sepamos que por detrás de las caras que a diario dan cuenta de la existencia del otro puede haber latiendo un sentimiento de desgarro real o atribuido (Sebastián Bugna).

Un león de juguete parado al borde de un travesaño cuya perspectiva nos conduce hacia una vegetación de fantasía, dimensionando así la potencialidad de la imaginación capaz de recuperar el descuido de un objeto infantil para introducirnos en un mundo de fábula apenas insinuado (Javier Ventura).

Retratos de gente admirada y desconocida: ese esfuerzo incansable por fijar las facciones de los seres queridos o desconocidos (Matías Ventura, Manuel González, Matías Rey, Santiago Ventura). Los retratos velados, alertándonos que no siempre la mirada del otro puede devolvernos la nuestra (Antonella Tambasco).

Una paloma que transita entre botas militares alineadas para un desfile, ofreciéndonos la idea de que la calma por la que transitamos es tan frágil como el paso vacilante de ese símbolo universal de la paz (Santiago Ventura).

El granulado crepuscular de la ropa tendida sobre las azoteas, avisando que por sobre la doméstica realidad del mundo, hay una fantasmagórica proyección hacia mundos desconocidos (Luciano Demarco).

En una dirección similar, la captura de imágenes en plano detalle (Santiago Ventura, Sebastián Bugna) logra que objetos absolutamente asimilados (y por ende, no diferenciados) en el mundo de la vida cotidiana cobren otra realidad: dejan de cumplir su función común y corriente para proyectarse en imágenes casi pictóricas que reabren la realidad en lo imaginario.

Otro tanto sucede cuando, previo a la toma fotográfica, se trabaja en la composición de la imagen, ya sea con objetos cotidianos o con adornos. Utensilios, pinzas de ropa, recuerdos de viaje, frutas, entre otros objetos, compuestos como naturalezas muertas o como estructuras formales cuidadas, logran que en su diferenciación y contraste con la cotidianidad detengan y ocupen la mirada, por así decirlo: pre-ocupándola (Matías Rey, Matías Ventura, Belén Baptista)

La duplicidad de lo urbano allí donde la unicidad se fragmenta espejándose sobre sí misma (Andrés D’avenia, Gonzalo Torres) o resaltando, en un juego de luces y colores dispares, la coexistencia en la arquitectura de la ciudad de tiempos socialmente distintos (Federico Rodríguez).

La desfiguración de la imagen humana hasta el punto, y el punteo, de la incógnita, donde la presencia ciudadana se vuelve algo tan difuso como una tenue sombra (Emilio Bianchi).

Quien observa detenidamente estas fotografías —como tuvimos el gusto de hacerlo— puede extraer distintos significados de las imágenes construidas y deconstruidas, capturadas y liberadas en su reproducción, escenificadas u obscenificadas en su presentación pública. Y es que esa multiplicidad de sentidos, algo propio de la poesía, no puede desligarse de las tensiones mencionadas al principio: tensión entre el tiempo, la mirada, el recuerdo y el olvido.

Que los y las fotógrafas que ahora exponen sean jóvenes estudiantes de cine podría resultar un dato superfluo en este caso, y ante lo aquí expuesto. Podría, si no fuera porque la calidad que todos y cada uno de ellos ha logrado alienta una continuidad de próximas creaciones que, ya en el campo de la fotografía ya en el del cine, habrán de permitirnos ajustar nuestros propios sentidos a la perpetua movilidad del mundo. Qué así sea.

Cristina Bausero
Germán Machado

Montevideo, diciembre de 2008.