¿Cómo queréis que no muriera joven si hizo él solo lo esencial del nuevo cine alemán?
Jean-Luc Godard
En Berlin Alexanderplatz se admite que los individuos aparentemente imperceptibles, irrelevantes e insignificantes tengan emociones, sentimientos, momentos de felicidad, anhelos, satisfacciones, dolores, angustias, remordimientos de conciencia, todos ellos objetivamente minúsculos y completamente mediocres. Alos denominados “pequeños”, se les otorga la misma grandeza que el arte generalmente sólo concede a los denominados “grandes”. Los seres humanos de los que Döblin habla en Berlin Alexanderplatz, en particular, naturalmente, el protagonista, Franz Biberkopf, antiguo transportista y posterior chulo, tienen un subconsciente tan diferenciado y una fantasía y apasionamiento tan increíbles que no tendrían nada que envidiar a la mayoría de personajes de la literatura universal, por muy eruditos, agudos intelectuales y grandes amantes —nombro sólo algunos de los prototípicos— que fueran (hasta donde llegan mis conocimientos, naturalmente).

