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La obra de Ingmar Bergman

Bergman1976Hay por lo menos cinco perí­odos en la carrera de Ingmar Bergman. El primero, que comienza con su film inicial, Crisis, y termina en 1948 con Puerto, se caracteriza por un estilo realista y el tratamiento pesimista de dramas sentimentales. El segundo va de El demonio nos gobierna (1949) hasta Sonrisas de una noche de verano (1953), con dramas y comedias centrados en las relaciones sexuales, aparentemente digitadas por las mujeres, superiores a sus parejas masculinas. El tercero empieza con El séptimo sello y deriva hacia la trilogí­a Detrás de un vidrio oscuro, Luz de invierno y El silencio, e incluye certezas e interrogantes sobre Dios que posibilitaron el equí­voco de creer a Bergman un metafí­sico. En una cuarta etapa, a partir de Persona, las angustias son interiores, con dosis de desequilibrio, canibalismo, mujeres que fagocitan a otras (Persona), demonios que sorben a sus inventores (La hora del lobo), la muerte (Gritos y susurros) y la violencia (Vergüenza), que nunca se aclara si proviene realmente del mundo exterior o de las traumáticas experiencias de sus personajes. Salvo error, ese perí­odo se cerrarí­a con El huevo de la serpiente (1977): su film siguiente, Sonata de otoño, marcarí­a el comienzo de una aceptación callada de la senectud, el reencuentro con una calma perdida.

El cine de Bergman parece aislado del mundo exterior, agresivo y hostil. Se apoya en experiencias estéticas, en recuerdos de niñez, en imágenes grabadas en viejas iglesias donde su padre predicaba, en la presencia del demonio. Sin embargo, indirectamente, por detrás están los vaivenes de una sociedad que tiene sus tropiezos. El director dijo alguna vez que en Suecia, donde la socialdemocracia ha solucionado todo, lo que queda es el problema de Dios, la ilusión perdida y adolescente.

De alguna manera, las etapas de la vida se corresponden con los diversos estadios en la carrera de Bergman. La juventud desaparece después de Un verano con Mónica, Dios desaparece después de El silencio, la muerte hace su crisis como tema en Gritos y susurros, probablemente la violencia haya sido exorcisada con El huevo de la serpiente. Una zona de la obra posterior de Bergman coincide con su exilio fuera de Suecia, provocado por un litigio fiscal que solucionarí­a luego. Allí­ se detectan búsquedas e indecisiones, quizás provocadas por el alejamiento de la patria que parece haber derivado también en una pérdida de la inspiración.

Por una parte, Bergman parece convencerse de que en el mundo ocurren cosas condenables y que su análisis deberí­a omitir la metafí­sica (El huevo de la serpiente, sobre el fascismo), pero luego opta por hurgar el alma femenina (Sonata de otoño) o por retroceder hacia sus temas queridos del infierno de la pareja, los impulsos destructivos, la posesión de unos sobre otros (De la vida de las marionetas), hasta desembocar en la laboriosa y espléndida recapitulación plena de vida que fue Fanny y Alexander. En esas pelí­culas descubre el fascismo pero se arrepiente, recuerda la fascinación de las mujeres pero se desdice, revisa sus primeras pelí­culas cargadas de pesimismo y retrocede a las dificultades de la vida en pareja, hasta que en Fanny y Alexander parece aceptar el paso del tiempo, el tránsito de la historia, la evidencia de que la vida se contempla también con ojos maravillados. Lo más significativo de la obra de Bergman comienza a revisarse este mes en Dodecá, y continuará en programaciones próximas. El principio:

  • Música en la noche (Musik i morker). Suecia 1947.
  • Puerto (Hammstadt). Suecia 1948.
  • El fracasado (Till gladje).
  • Un verano con Mónica (Sommaren med Monika). Suecia 1952.
  • Noche de circo (Gycklarnas afton).
  • Tres almas desnudas (Nara livet). Suecia 1957.

Crepúsculos IV

Crepúsculos IV: Otra entrega de un ciclo exitoso, tal vez porque, como ya se ha dicho, encierra una dosis de melancolí­a, nostalgia y poesí­a que conecta sin esfuerzo con los requerimientos de su público. La otra explicación es que hay aquí­ un lote de buenas pelí­culas, realmente.

Divercine en Dodecá

Este año, Divercine se extiende desde su habitual sede de la Linterna Mágica, para invadir una franja de la programación de Dodecá. Durante tres dí­as, entre el 17 y el 19 de julio (dí­a de la clausura de Divercine) una parte de esa programación «para niños exigentes» estará también aquí­, comenzando por una programación de cortometrajes y prolongándose en dos largometrajes. El detalle:

  • Yo quiero decir (Cuba), El fantástico puesto de flores (Polonia) de Pavel Partyka, Conejo (México) de Francisco Vargas Quevedo, La señorita Runfid (USA) de Sarah Kerwish
  • Mampato y Ogú en Rapanui (Chile) de Alejandro Rojas
  • 10 + 2: El gran secreto (España 2001) de Miguel Pujol

Tras la clausura de Divercine, y aprovechando el final de las vacaciones, Dodecá dedicará un dí­a más de su programación al público infantil. El dí­a sábado 20 de julio, también a las 16 horas, habrá de exhibirse el largometraje belga de animación Kirikou y la hechicera, de Michel Ocelot, una leyenda sobre un héroe pequeño y valiente sobre el fondo de tradiciones y formas culturales africanas.

Revisiones latinoamericanas

Cuatro films que desde diversos ángulos contemplan con lucidez, inteligencia y espí­ritu crí­tico aspectos relevantes de la realidad latinoamericana. Mario Benedetti adaptado por Sergio Renán (Gracias por el fuego), Jorge Amado por Bruno Barreto (Doña Flor y sus dos maridos), Garcí­a Márquez por Fernando Birri (Un señor muy viejo con unas alas enormes) y hasta el egipcio Naguib Mahfuz por el mexicano Ripstein (Principio y fin). Un doble interés, por lo menos: por América Latina y por el cine.

Roman Polanski

La reciente, discutida Palma de Oro de Cannes a Mejor Film obtenida por El pianista en el festival de Cannes ha vuelto a poner sobre el tapete la figura de Roman Polanski, una de las personalidades relevantes del cine europeo de los últimos cuarenta años. Puede resultar una curiosidad comprobar que este polaco nació en Francia, en el seno de una familia judí­a que cuatro años después se trasladó a Cracovia. Durante la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de sus familiares desapareció en el Holocausto, y luego de esa hecatombe el joven Polanski sintió despertar una vocación como actor de teatro y cine.

chinatownEstudió en la escuela de cine de Lodz, y al mismo tiempo rodó varios cortometrajes que llamaron la atención: el más famoso es seguramente Dos hombres y un armario, donde ya asoma una visión irrisoria y pesadillesca del universo que serí­a una de sus marcas de fábrica. En 1962 debutó en el largo con El cuchillo bajo el agua, una historia claustrofóbica entre tres personajes aislados en un yate, y poco después se instaló en Inglaterra, donde rodó Repulsión (1965), absorbente retrato de una neurótica que llegaba a la violencia y el crimen.

El gusto por los temas concentrados y los personajes enfrentados a un absurdo cercano a Ionesco o Becket reaparecerí­an en Cul de sac (1966), escrita, al igual que el film anterior, en colaboración con Gérard Brach, luego su cómplice habitual. Varios de esos rasgos se repetirí­an en clave humorí­stica en La danza de los vampiros (1967), una parodia sobre el cine terrorí­fico donde tras la broma corrí­a elmismo espí­ritu pesimista, descubriendo que el empeño en terminar con el vampirismo conducí­a de hecho a su propagación por el mundo.

Afincado en Hollywood en 1968, Polanski harí­a El bebé de Rosemary, donde se comprobaba que el simpático vecino podí­a ser un satanista, y un ama de casa era embarazada por el Diablo en persona. Pronto, satanistas reales o casi (los integrantes del Clan Manson) asesinarí­an a su esposa Sharon Tate, y Polanski volverí­a a Europa para hacer la comedia surrealista (y por cierto muy fallida) ¿Qué? y un discutido pero no carente de interés Macbeth. De regreso a los Estados Unidos obtuvo uno de sus mayores logros con Chinatown (1974), un brillante relato policial de serie negra donde asomaban sus habituales tonalidades sombrí­as. Otra vez en Europa, volvió a sus obsesiones personales en El inquilino (1976), y emprendió brillantemente la adaptación de una de las mejores novelas de Thomas Hardy en Tess (1979). En cambio, Piratas (1985) pareció un largo traspié, un fallido intento de hacer por el género de aventuras lo que La danza de los vampiros habí­a sido para el de terror.

Su obra de los últimos quince años ha podido oscilar entre el discreto pastiche hitchcockiano de Búsqueda frenética (1988), las tortuosidades de Perversa luna de hiel (1992) y el encuentro con Ariel Dorfman y una temática latinoamericana en La muerte y la doncella (1994), donde reiteró una vocación por los climas claustrofóbicos, los retorcimientos de conducta y el sexo como factor de poder y destrucción. En La última puerta (1999) volvió a los temas del satanismo y la presencia del Mal, y en El pianista (2002) parece haberse volcado sobre rasgos demoní­acos pero de este mundo y hasta de su universo personal: su pelí­cula afronta el tema del Holocausto que por cierto tocara tan de cerca de su familia.

El ciclo Polanski comprenderá la exhibición de los siguientes films:

  • Dos hombres y un armario (Dwa ludzie z szafa, Polonia 1957)
  • El cuchillo bajo el agua (Noz w wodzie, Polonia 1962)
  • Repulsión (Repulsion, Gran Bretaña 1965)
  • Cul-de-sac (Cul-de-sac, Gran Bretaña 1966)
  • ¿Qué? (Che?, Italia-Francia-Alemania 1972)
  • Tess (Tess, Francia/Gran Bretaña 1978-79)
  • Piratas (Pirates, USA 1985)
  • Perversa luna de hiel (Bitter Moon, USA/Francia 1992)
  • La muerte y la doncella (Death and the Maiden, USA/Gran Bretaña/Francia 1994)