El cine de Eric Rohmer II

Con el paso del tiempo, y aun­que sin cam­biar esen­cial­mente, el cine de Roh­mer se ha vuelto menos inte­lec­tual, más suelto y espon­tá­neo, con már­ge­nes de impro­vi­sa­ción que alcan­za­ron en “El rayo verde” una pro­ba­ble cul­mi­na­ción. “Es mucho más intere­sante sus­ci­tar lo invi­si­ble a par­tir de lo visi­ble, que inten­tar inú­til­mente visua­li­zar lo invi­si­ble”, sos­tuvo alguna vez el direc­tor. A su jui­cio, la ima­gen cine­ma­to­grá­fica está para mos­trar, no para sig­ni­fi­car: cual­quier sen­tido que se quiera extraer de ella es por añadidura.

En una famosa polé­mica con Pier Paolo Paso­lini, Roh­mer pudo defen­der un cine “de prosa” con­tra el cine “de poesí­a” reivin­di­cado por el rea­li­za­dor ita­liano. La diver­si­dad de pos­tu­ras implica no sola­mente dis­cre­pan­cias esté­ti­cas, sino más pro­fun­da­mente una radi­cal dife­ren­cia en la visión del mundo entre ambos cineas­tas. Paso­lini con­si­de­raba que la reali­dad era horri­ble, y que el deber del artista era subli­mar su horror mediante la poesí­a para con­ver­tirla en belleza. En cam­bio, Roh­mer cree en la belleza del mundo, y que debe des­cu­brirla mediante la cámara. El pre­sente blo­que, que con­ti­núa una pro­gra­ma­ción ini­ciada el mes pasado y que pro­se­guirá en el pró­ximo, incluye varias prue­bas de ello.