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La reacción de los 70 (primera parte)

Alejandro Ventura
Doctorando en Comunicación (Universidad Pompeu Fabra)

A fines de los años 60, la rebeldía contracultural expresada por los hippies llegaba a su fin. Entonces comenzaron a notarse los signos de su agotamiento e insuficiencia. En 1968 era derrotado el Mayo francés, que había significado el cuestionamiento político más radical liderado por un movimiento juvenil en el centro mismo del capitalismo occidental. Al comienzo de la nueva década, John Lennon sentenciaba con su the dream is over (“el sueño acabó”) la clausura definitiva de la utopía sesentista. El mecanismo de adaptación rebelde, predominante en esa década, parecía llegar a su fin. Sin embargo, y en términos estrictamente cinematográficos, en el comienzo de la década aún se podía asistir a algún intento por exacerbar los aspectos más transgresores de este mecanismo fenecido.

En 1971, Hal Ashby, el enfant terrible del Nuevo Hollywood (1) —el que surge y se consolida como mainstream a partir del NCN—, realiza Harold and Maude, una especie de película-síntesis que inaugura la década de los 70 buscando intensificar la rebeldía transgresora de aquellos filmes fundacionales. Se trata de una película bizarra —que inspiraría, entre otros, el cine de Gus Van Sant (2)— cuyo protagonista, Harold, es un joven que siente fascinación por el ritual de la muerte asistiendo a entierros de gente desconocida como actividad lúdica. Ashby lo que hace ahora es sustituir a la emblemática Sra. Robinson —la mujer adúltera de mediana edad de The Graduate— por una anciana de ochenta años, Maude, radicalizando así el tópico sesentista del “amor libre”. La anciana, que funciona como coprotagonista “joven” del filme, es la encargada de conducir raudamente una vetusta motocicleta —a lo Easy Rider— , y eventualmente, un veloz automóvil que evade los controles policiales —a lo Vanishing Point—. En cierta forma, Harold and Maude parecería representar la utopía sesentista “realizada” al proporcionar una cierta apertura a los típicos finales clausurados del NCN. Y ello, no sólo porque las ansias de libertad de Billy y Wyatt en Easy Rider alcanzan ahora los extremos generacionales, sino porque los actos transgresores de Harold (junto a Maude) ya no causan la reacción virulenta en sus progenitores tal cual sucediera en el pasado reciente sesentista. En ese sentido, la madre de Harold no dramatiza en ningún momento el comportamiento freak de su hijo, sino que busca encauzarlo con naturalidad a través de los aparatos ideológicos tradicionales —el psicoanálisis, el orden militar y la religión—, los cuales aparecen ferozmente satirizados —por inocuos y anacrónicos— por el director Ashby. Harold and Maude es una película que en cierta forma preanuncia el cinismo y “el fin de la muerte como redención” de la década de los 90: ahora la edad ideal para morir ya no son los 27 años sino los 80.

Fragmento de la tesis doctoral
“Juventud y cine. De los jóvenes rebeldes a los jóvenes virtuales”

(1)  Para el análisis de este nuevo período que se consolida en los años 70, véase, BISKIND, P.: Moteros tranquilos, toros salvajes. La generación que cambió Holywood, Barcelona, Anagrama, 2004.

(2) Restless (2011) reitera aspectos medulares de Harold and Maude. El joven protagonista, Enoch, también asiste a entierros como Harold. El cambio, es que ahora, en lugar de una anciana de 80 años, Gus Van Sant utiliza, como sosías de Maude, a una joven con una enfermedad terminal.


PROGRAMACIÓN

JUNIO

  • Harold y Maude (1971), Hal Ashby — viernes 2, 20 hs.
  • Carrera sin fin (1971), Monte Hellman — viernes 9, 20 hs.
  • La naranja mecánica (1971), Stanley Kubrick — viernes 16, 20 hs.
  • El último tango en París (1972), Bernardo Bertolucci — viernes 23, 20 hs.
  • Taxi Driver (1976), Martin Scorsese — viernes 30, 20 hs.