Y los niños siguieron jugando

Al sonar el tim­bre del recreo de una escuela un hom­bre viejo sale en busca de su comida reco­rriendo siem­pre el mismo tra­yecto. Así pasan, en sole­dad, los días y las noches de este anciano, con la sola com­pa­ñía de unos gatos que la cámara regis­tra está­tica y a una pru­dente dis­tan­cia. Hasta que un día al sonar el tim­bre del recreo ya nadie sale. Sobre el espa­cio una y otra vez reco­rrido por el viejo, ahora sólo queda el bulli­cio de unos niños jugando.

Tra­ta­miento sonoro

Este tra­bajo le otorga un gran énfa­sis al sonido —la razón es un tanto evi­dente; la ima­gen fun­ciona como un lienzo en el cual suti­les cam­bios visua­les ope­ran como un con­tra­punto para el diseño sonoro. Mien­tras que la ima­gen per­ma­nece está­tica el sonido evo­lu­ciona alre­de­dor, algu­nas veces dis­tante, otras repe­ti­tivo; y tam­bién cer­cano (como el zum­bido de una abeja, como las can­si­nas barri­das), todas entre­la­za­das para con­for­mar una caden­cia que evo­que los calla­dos sen­ti­mien­tos de un anciano. La mayo­ría ocu­rre fuera de la escena pero se unen por momen­tos —lo que es visto y lo que es escu­chado—, el sonido que afecta aque­llo que la ima­gen mues­tra, sólo por un ins­tante antes de vol­ver a separarse.

El pai­saje sonoro se cons­truye variando su foco y pro­fun­di­dad, no en tér­mi­nos visua­les sino en tér­mi­nos sono­ros. El fondo y el frente en tér­mi­nos del sonido per­ci­bido, lo pequeño y lo cons­tante, y lo repe­ti­tivo, que luego pasa a con­for­mar todo el esce­na­rio a tra­vés de suce­si­vas sín­te­sis. Si el lienzo per­ma­nece nítido el sonido está cam­biando su pro­fun­di­dad, alter­nando el foco de la audien­cia. El diseño sonoro se cons­truye a par­tir de estos ele­men­tos para darle pro­fun­di­dad a una ima­gen que per­ma­nece inmóvil.