Dodecá

Ingresar
influence

Curso de lenguaje: el cine de John Cassavetes

Posted on Mar 19, 2012

Nunca diré que lo que hago es entretenimiento. Es investigación, exploración. Es hacerse una pregunta tras otra: ¿cuánto eres capaz de sentir?, ¿cuánto sabes?, ¿eres consciente de tal cosa?, ¿puedes manejar tal otra? Una buena película te planteará interrogantes que nadie te ha planteado antes, sobre cada día de tu vida(…) Una película es una investigación sobre la vida, sobre lo que somos (…) Me gusta ver cómo la gente se engaña a sí misma, no cómo engañan a otros. Mi cine hace perder a los personajes sus ilusiones, romper sus defensas. Hace que se descubran a sí mismos.

Pionero del cine independiente norteamericano y precursor del cinema verité, John Cassavetes (1929-1989) intentó siempre a lo largo de sus películas encontrar la esencia de las relaciones humanas una vez desposeídas estas de las ceremonias sociales y los rituales de la vida que encorsetan y automatizan al individuo. Para ello, Cassavetes conducía a sus personajes hacia un lugar más primigenio, más intenso y más angustioso que el de la supuesta “normalidad” de la vida cotidiana y era allí, en ese lugar afanosamente buscado, donde la inestabilidad, el desequilibrio y la ambigüedad emergían como signos de una autenticidad negada por las estructuras sociales contemporáneas.

Inspirado en los grandes maestros (CapraBergmanKurosawa), el estilo cinematográfico de Cassavetes —aparentemente simple, con una cámara que sigue febrilmente a los actores hasta en su intimidad— estaba al servicio de este proyecto vital donde la distancia entre el arte y la vida se difumina, y donde ambas instancias quedaban sujetas por igual al ojo y oído escudriñador del director.

Comprender cabalmente las particularidades de este proyecto y el estilo que lo pone en acto es fundamental para no cometer equívocos de interpretación. Vaya un ejemplo ilustrativo de esto último. Siempre se ha dicho que Cassavetes era un maestro de la improvisación, que sus guiones no tenían un papel relevante a la hora de la puesta en escena. En realidad, la relación entre ambas instancias cinematográficas era mucho más compleja que la simple libertad total que supuestamente podía disponer el actor, pues lo que el director pretendía era, en esa búsqueda de la autenticidad, alcanzar ese “instante milagroso” donde emerge la verdad oculta y para ello no dudaba en modificar pautas y líneas de diálogo del guión si estos cambios facilitaban el acceso al objetivo. Sin embargo los aportes de los actores —que podían y debían surgir a partir de su improvisación—, siempre estaban enmarcados en límites perfectamente definidos en el guión original. El hecho que este último pudiera ser “corregido y mejorado” a partir de esos aportes, ajustando de esa manera la precisión en el abordaje de la puesta en escena, no hacía perder nunca el rumbo previamente establecido por el director. En esa dirección, a su vez, Cassavetes no dudaba en manipular a sus actores —y siempre lo hacía y de múltiples maneras—, si con ello lograba un mayor grado de autenticidad y de verdad.

Este proyecto vital del cine de Cassavetes necesariamente debía contar con actores y técnicos que fueran sus cómplices y acompañaran esta propuesta irreverente e iconoclasta, en cierta forma hasta autodestructiva. Así se formó en torno al director una verdadera troupe de amigos, una especie de comunidad cinematográfica que con pocos recursos, tanto económicos como temporales, hicieron posible la concreción de una de las filmografías claves de la modernidad, realizada al margen de los grandes estudios de Hollywood.

En realidad, Cassavetes nunca filmó historias propiamente dichas, sino estados de ánimo. Su cine es un cine de atmósferas, acausal, de personajes líquidos enfrentados a su propia autocomplacencia que fluyen en torno a lo que son y lo que imaginan ser. En definitiva, un cine que busca radiografiar el alma y los sentimientos tratando de descifrar las claves de las relaciones heterónimas entre hombres y mujeres: necesito que los personajes analicen en serio qué es el amor, que lo maten, que lo destruyan, que se hagan daño.

Cassavetes ha sido y es fuente permanente de inspiración para directores de reconocida calidad, tales como los norteamericanos Woody AllenMartin Scorsese y Jim Jarmusch, los europeos Jacques Rivette y Nanni Moretti —entre otros—, hasta llegar al japonés Takeshi Kitano: los personajes arquetípicos de este último —personajes que pasan de imprevisto de la acción a la inacción—, establecen claramente una conexión con el cine de Cassavetes.

Por cierto cabe señalar que el carácter provocador, irritante e incluso bizarro de las situaciones que propone Cassavetes lo emparenta con el cine de otro maestro: el de Luis Buñuel.El curso que analizará la obra filmográfica completa de Cassavetes comenzará el jueves 1º de marzo con la exhibición de Sombras y será dictado por el docente Alejandro Ventura.


Programación
:

Sombras | John Cassavetes, EEUU 1959 | Jueves 1 de marzo, 20hs.

La canción del pecado | John Cassavetes, EEUU 1961 | Sábado 3 de marzo, 19hs.

Un niño espera | John Cassavetes, EEUU 1963 | Jueves 8 de marzo, 20hs.

Rostros | John Cassavetes, EEUU 1968 | Sábado 10 de marzo, 19hs.

Maridos | John Cassavetes, EEUU 1970 | Jueves 15 de marzo, 20hs.

Así habla el amor | John Cassavetes, EEUU 1971 | Sábado 17 de marzo, 19hs.

Una mujer bajo influencia | John Cassavetes, EEUU 1974 | Jueves 22 de marzo, 20hs 

Muerte de un corredor de apuestas | John Cassavetes, EEUU 1976 | Sábado 24 de marzo, 19hs.

Noche de estreno | John Cassavetes, EEUU 1977 | Jueves 29 de marzo, 20hs.

Gloria | John Cassavetes, EEUU 1980 | Sábado 31 de marzo, 19hs.

Torrentes de amor | John Cassavetes, EEUU 1984 | Jueves 12 de abril, 20 hs.

Big trouble | John Cassavetes, EEUU 1986 | Sábado 14 de abril, 19hs.