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Música joven en vivo: Mantra + Bespi

El viernes 29 de agosto a las 21:00 hs, se presenta en vivo en Dodecá la banda de rock Mantra, presentando composiciones de su último disco así­ como nuevas creaciones.

Mantra está integrada por Ignacio Veiga en la baterí­a, Nicolás Veiga en la guitarra y Esteban Montaño en bajo y voz.

Como banda telonera tendremos la actuación de Bespi, integrada por músicos aún muy jóvenes.

Editorial de agosto

La polémica que organizamos sobre cine, polí­tica y corrupción despertó un inusitado interés por parte de los medios de comunicación, motivando una serie de entrevistas. Nos interesa referirnos especialmente a la que nos realizara Sergio Puglia, el martes 15 de julio en su programa de Canal 5, «tveo a diario», rescatando de ella la comprensión y el reconocimiento que el conductor del programa hiciera de nuestra actividad como Centro Cultural. En un pasaje de la entrevista, con la vehemencia que lo caracteriza en sus afirmaciones, Puglia se refirió a la problemática relación entre democracia, polí­tica y corrupción. Muy especialmente afirmó la importancia de que un Centro Cultural tratase este tema, y dijo:

«tenemos que dejar de hablar de la democracia balconeándola y realmente ejercer la democracia. Si nos quedamos sentados en casa diciendo: tenemos que medir, bueno, ¿quién mide con la misma vara a quién? ¿Quiénes son los que miden?… ¡Nosotros mismos! Por eso me parece genial lo que está haciendo Dodecá. Y cuando se les pregunta por qué un Centro Cultural habla de polí­tica, la respuesta es: ¡porque la polí­tica es cultura! Está intrí­nsecamente en el hombre. Y la corrupción también está en el ser polí­tico, forma parte de su identidad y de su cultura. Así­ que un Centro Cultural tiene que hacer análisis, porque si no, no es un Centro Cultural».

De ese modo, Puglia reafirmó lo que quisimos plantear en el editorial de nuestro último boletí­n, cuando mencionábamos lo injustificable de separar y divorciar las actividades culturales y polí­ticas. Lo novedoso, en su receptividad de nuestra propuesta, fue esa afirmación tajante respecto de lo que podrí­a entenderse como un criterio de demarcación: un Centro Cultural que no hace análisis polí­ticos no es un Centro Cultural.

Lo mejor del cine australiano

Hacia mediados de la década del setenta hubo un cambio radical en la polí­tica cinematográfica australiana. Tras años de desarrollo de un mercado interno, se tuvo la necesidad de romper las barreras nacionales para lograr un redimensionamiento de la industria. Con fuerte respaldo de empresas privadas y entes públicos, el cine australiano consiguió una inmediata repercusión internacional, combinando hábilmente la suerte de un film (el gran éxito de «Te llamaré Caddie«) con muestras organizadas desde Australia para festivales internacionales de cierto prestigio.

El resultado fue que en el plazo de tres años el cine australiano ya habí­a recorrdo todo el mundo y comenzaba a difundir los nombres de realizadores importantes. El primero de ellos fue tal vez Peter Weir, que ya tení­a una fama interna con films como «El plomero» o «Enigma en Parí­s», y que se impondrí­a afuera con «Picnic en las Rocas Colgantes» y especialmente «La última ola». Pero también importó gente como Bruce Beresford («Asalto al camión blindado», «Fiesta de fin de semana», «Después de la emboscada»), el George Miller de «Mad Max» o su homónimo de «Herencia de un valiente», o la Gillian Armstrong de «Mi brillante carrera».

No fue una ola pasajera la que se impulsó en ese momento, sino una decisión que se trató de mantener con el correr de los años. Sin embargo, los cambios en el mercado internacional plantearí­an al cine australiano por lo menos dos obstáculos. El primero de ellos fue la exportación lisa y llana de sus talentos, absorbidos por la industria norteamericana, que es donde trabajan hoy la mayorí­a de los realizadores australianos importantes de entonces. Weir llegarí­a a Hollywood para hacer «Testigo en peligro», «La costa mosquito», «Matrimonio por conveniencia» o «La sociedad de los poetas muertos», y lo mismo ocurrirí­a con el George Miller de «Las brujas de Eastwick» o «Un milagro para Lorenzo», o la Gillian Armstrong de «Mujercitas», mientras Bruce Beresford se dedicaba a cosas como «Crí­menes del corazón», «Conduciendo a Miss Daisy» y hasta «Mi testigo preferido», y el otro Miller llegaba a Europa para hacer una secuela de «La historia sin fin». Y la lista de nombres podrí­a extenderse hasta gente como los fotógrafos Russell Boyd o Don McAlpine, o intérpretes como Angela Punch-MacGregor Mel Gibson (de hecho, este último nació en los Estados Unidos, pero se harí­a famoso por sus trabajos en Australia antes de regresar triunfalmente a su paí­s natal).

El segundo problema ha sido la difí­cil competitividad planteada por la industria norteamericana, con su consecuencia de una inevitable pérdida de la identidad (algo que también ha podido ocurrir con la producción británica, por ejemplo). De ahí­ el debilitamiento de la presencia australiana en el mercado internacional durante la segunda mitad de la década del ochenta y los noventa, aunque éxitos aislados aunque irrepetibles (Cocodrilo Dundee) pudieron generar algún sobresalto en las taquillas del ancho mundo. Más cerca aún, tí­tulos notorios como «El casamiento de Muriel» o «Las aventuras de Priscilla, reina del desierto» han servido para recordar que, en el mundo del cine, Australia también existe. Y algo debe significar que Erik Bana, el australiano que encarnó al mitómano y asesino Chopper, haya sido elegido para interpretar en una superproducción internacional (dirigida por Ang Lee, nada menos) al Increí­ble Hulk. Ese debe ser también, de alguna manera, un reconocimiento al cine australiano. El presente ciclo reúne varios ejemplos significativos de ese cine.

Continúa Martí­n Mendizabal: Series

Continuará un mes más la muestra de Martí­n Mendizábal, que ha recibido importantes elogios de la crí­tica y del público.

Invitamos a todos aquellos que aún no han visto la muestra a hacerlo. Agradecemos a los demás artistas su flexibilidad que nos ha permitido modificar la agenda de la sala.

El cine de Charles Chaplin

Para muchos observadores, Charles Chaplin es uno de los pocos nombres representativos del siglo XX.

Vistos hoy, sus films tienen la conmovedora perfección de obras simples, que se expresan directamente, que contienen sus propios estallidos de gags y de sentimientos y que cinematográficamente revelan la sagacidad de un autor que evita la intelectualización y opta por la expresión llana de ideas muy precisas.

El presente ciclo constituye solamente un acercamiento parcial a la obra de Chaplin (hay copias de archivo que tienen problemas), pero incluye varias dosis de humor, inteligencia, humanidad y regocijo.