Viktor Kosakovsky ha llegado a ser uno de los documentalistas más importantes e influyentes en el cine contemporáneo. Cineasta con una fuerte poética, sustenta su cine mediante la paciencia de ver y la virtud de observar, aplicando en el resultado final la capacidad de emocionar. En Belovy (The Belovs, 1993), Kosakovsky nos explica las tristezas y miserias de Anna Belov a través de la relación con su hermano Michail Feodorovich el cual la insulta y la maltrata. El film concluye con una de las escenas más memorables de la filmografía del cineasta ruso, donde Kosakovsky, con cámara al hombro, baila junto a una Anna derrotada que ha asumido y comprendido el mal camino que ha tomado su vida. En Silencio (Tishé!, 2002), su film más conocido, fue grabado desde la ventana de su casa con una cámara digital – diferencíandose con Belovy que fue filmada en un precioso 35 mm en blanco y negro -. Esta sencilla forma de crear un film, produjo el equívico que muchos jóvenes (y no tan jóvenes) documentalistas tuviesen la creencia que cualquiera podía hacer un documental. Pero Tishé! va más allá. Kosakovsky nos relata con ironía, casi de cine mudo, como en su calle en obras abren y cierran infinidad de veces y sin lógica una carretera. Una excusa para retratar un país, su sistema de funcionar y la necesidad de cambio que debe llegar.
En ambos casos Kosakovsky se encuentra con el azar, elemento imprescindible para dar sentido a sus películas. Sucede más allá del poder que pueda tener Kosakosvy sobre el film, él como buen documentalista está en el lugar adecuado y en el momento adecuado para poder filmar/grabar la realidad.
En Svyato (Svyato,2005), motivo de este comentario, nos encontramos prácticamente cara a cara con un niño de dos años llamado Svyato, el hijo menor de Viktor Kosakovsky. En los 45 minutos de duración del documental sucede el proceso en que el pequeño Svyato se ve por primera vez en un espejo. Viktor Kosakovsy escondido detrás del espejo como si fuera una cámara oculta, nos muestra todas las reacciones y la evolución de su hijo. Sin reconocerse al principio y pensando que está enfrente de otro niño, poco a poco, mediante la angustia de la incomprensión, irá asumiendo que la imagen que tiene delante es su propio reflejo. Un extraordinario retrato de la conciencia y del autodescubrimiento, del poder mágico de las imágenes y de nuestra relación, verosímil y mística, que tenemos con ellas. Una obra completísima y única.
Pero… ¿cómo? ¿Cómo Kosakovsky consigue grabar a un ser humano, su hijo, encontrándose por primera vez con su reflejo?
Sin usar sus palabras exactas explicaré lo que Kosakovsky explica en las múltiples conferencias que da. Un día fue testigo cómo su hijo mayor se miraba por primera vez en un espejo, y comprensiblemente eso impactó al documentalista. Pasó el tiempo y esperó hasta tener otro hijo, Svyato, y en un acto de demiurgo – o psicótico – le prohibió al recién nacido la experiencia de los reflejos. Quitó espejos, cambió los cubiertos de metal por otros de plástico, forró los elementos brillantes, etc., hasta que Svyato tuvo dos años y le encaró con un gran espejo. El resultado de todo esto es Svyato. No negaré que no es, a mi modo de entender el cine, una película fascinante y maestra, pero… ¿hasta dónde tiene o debe llegar la ética?
Fuente: cinenext.wordpress.com