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El cine de Pier Paolo Pasolini

Posted on Mar 03, 2015

Ante todo, quiero agradeceros que os hayáis reunido aquí para dar el último adiós a un amigo muy querido y gran artista.

Y querría añadir algo más. En estos últimos días he estado continuamente obsesionado con las imágenes de la muerte de Pier Paolo Pasolini, no solo por la crueldad, la atrocidad de esta muerte, sino porque no lograba encontrarle el sentido, el significado. Los seres humanos queremos que las cosas signifiquen algo, que no queden dispersas, absurdas, inactivas, sin voz, sin un mensaje. Al fin me ha parecido entender esto: que quien huía a pie, perseguido, era Pier Paolo Pasolini, el poeta, y el que, o los que, o quienes fuesen, corrían tras él, carecían de rostro, porque no sabían quién era Pasolini. Podía ser alguien que le conocía, como podía ser alguien que había contribuido a crear la situación de las que surgen después quienes hacen estas cosas.

Ahora, a los que no saben quién era Pasolini, al que no sabe lo que hace, se le ha aclarado. Yo sé que vosotros sabéis quién era Pier Paolo Pasolini y qué representaba, pero quiero repetirlo, quiero repetirlo también para consolarme un poco de esta muerte suya atroz.

Quiero deciros qué es lo que hemos perdido, nosotros, sus amigos, vosotros y, en fin, todo el pueblo italiano. Con Pier Paolo Pasolini hemos, ante todo, perdido a un hombre profundamente bueno, apacible, encantador, con un alma capaz de los mejores sentimientos, un hombre que odiaba la violencia, bien por su altura intelectual, bien por sus sentimientos naturales, extremadamente delicados y sutiles. Él odiaba la violencia y desgraciadamente la violencia lo ha truncado.

La pérdida de una persona tan buena es irreparable, porque no debéis pensar que la bondad sea algo frecuente, la bondad verdadera, acompañada por una inteligencia lúcida y firme. Sí, hay mucha gente buena, pero alguien bueno como Pasolini será difícil encontrarlo y será difícil que vuelva a darse pronto sobre la tierra.

Hemos perdido además a lo que algunos llaman alguien diferente, yo digo que también alguien semejante, hemos perdido al diferente y al semejante. Él mismo decía ser diferente. Pero, ¿en qué sentido hemos perdido a alguien diferente? Hemos perdido a un hombre valeroso, más valiente que muchos conciudadanos y coetáneos. Este hombre valeroso era diferente, sí: su diferencia consistía en el valor de decir la verdad, o lo que él creía la verdad, y cuando se cree decir la verdad hay algo que nos hace decirla, sobre todo si se es una persona como Pasolini, repito, de altísima inteligencia y de un sentir muy, muy atento a lo real.

Hemos perdido, por tanto, a un testigo, un testigo diferente. ¿Por qué diferente, una vez más? Porque en cierto modo él trataba de, cómo diría, de provocar reacciones activas y benéficas en el cuerpo inerte de la sociedad italiana. Su diferencia consistía justo en esta provocación benéfica, que provenía de una absoluta falta de cálculo, de componendas, de prudencia. Él era diferente, precisamente porque era desinteresado.

Pero hemos perdido también al semejante. ¿Qué sentido por semejante? Entiendo que el hizo cosas, se alineó, en nuestra cultura, al lado de nuestros mayores escritores y nuestros mejores cineastas. En esto era un semejante, es decir, era un elemento precioso para cualquier sociedad. Cualquier sociedad habría estado contenta de tener a Pasolini en sus filas.

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Hemos perdido ante todo a un poeta. Y poetas no hay tantos en el mundo, solo nacen tres o cuatro en un siglo (Aplausos). Cuando acabe este siglo, Pasolini estará entre los poquísimos que contarán como poetas. El poeta debería ser sagrado. Hemos perdido, pues, a un poeta extraordinario, que creó algo nuevo y extraordinario en Italia, creó la poesía civil de izquierda, es decir, hizo algo que nadie había hecho antes que él. La poesía civil en Italia, de Foscolo a Carducci y luego D’Annunzio, siempre fue una poesía de derechas.

Pero hemos perdido también a un narrador. El narrador de los suburbios, de Chavales del arroyo, de La vida violenta. Un narrador que había escrito dos novelas, ejemplares también, en las que, junto a una observación muy realista, encontraba soluciones lingüísticas, soluciones —digámoslo así— entre el dialecto y la lengua italiana, que eran extrañamente nuevas también.

Y además hemos perdido a un director de cine por todos conocido, ¿no? Él aprendió de los japoneses, aprendió del mejor cine europeo, e hizo luego un conjunto de películas, algunas de las cuales estaban inspiradas —digamos—  por ese realismo suyo que yo lo llamo romántico, es decir, un realismo arcaico, un realismo benigno y al mismo tiempo misterioso. Otras inspiradas en los mitos, en el mito, en el mito de Edipo, por ejemplo: además de un gran mito suyo, el mito del subproletariado, que era portador —según Pasolini, y eso lo explicó en todas sus películas y en todas sus novelas— de una humildad que podría de nuevo producir una palingenesia del mundo.

Este mito lo ilustró también, por ejemplo, en su última película, Las mil y una noches. Ahí se ve como esta idea del subproletariado, esta idea de la humildad de los pobres, Pasolini en el fondo la había extendido a todo el Tercer Mundo y a la cultura del Tercer Mundo.

En fin, hemos perdido a un ensayista. Querría decir dos palabras en concreto sobre este ensayista. Hacer ensayo era también una nueva actividad suya y, ¿a qué respondía esta nueva actividad? Correspondía a su interés cívico, lo que nos lleva a otro aspecto de Pasolini. Por más que fuera un escritor de potencial decadente, por más que fuera extremadamente refinado y manierista, ponía atención en los problemas sociales de su país, en el desarrollo de este país. Una atención, digámoslo, patriótica como pocos la han tenido. Todo esto ha perdido Italia, ha perdido a un hombre precioso que estaba en sus mejores años. Ahora lo digo: la imagen que me obsesionaba, de Pasolini huyendo a pie, perseguido por algo que carece de rostro y que lo ha matado, es una imagen emblemática de este país. Es decir, una imagen que debe incitarnos a mejorar este país como el mismo Pasolini habría querido.

Oración fúnebre pronunciada por Alberto Moravia en el funeral de Pier Paolo Pasolini,
5 de noviembre de 1975

El ciclo El cine de Pier Paolo Pasolini comienza el jueves 5 de marzo a las 20 hs. Las exhibiciones son los jueves a las 20 hs. y los sábados a las 19 hs. Más información aquí.