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La guerra en el cine de los grandes maestros

Posted on Sep 02, 2010

La relación entre la guerra y el cine ha sido fecunda. No sólo ha sido la base sobre la cual se ha constituido un género, el cine bélico (con sus luces y sombras y sus gastados clichés) sino que también ha develado la responsabilidad de las imágenes, todas las imágenes, en tanto portadoras de una ideología, con sus respectivas implicancias éticas: en un extremo, el cine ha oficiado como propaganda bélica poniéndose del bando del Estado-Nación en el cual se produce, para justificar acciones aberrantes, fomentar el patriotismo, o endiosar a los líderes y combatientes. En el otro extremo, el cine ha sido un formidable medio para mostrar los desastres de la guerra, sus costos inmensos en lo que respecta a la continuidad de la vida humana.

Pero más allá de esos escarceos, en manos de los grandes maestros del cine, la guerra ha sido un motivo para contar la Historia o para contar historias, en las cuales se dejan ver las pasiones más hondas del ser humano, desde sus virtudes más excelsas hasta sus vicios más degradantes.

Los grandes maestros del cine – desde Charles Chaplin y Abel Gance hasta Luchino Visconti y Akira Kurosawa, pasando por Georg Wilhelm Pabst, Roberto Rosellini, Gillo Pontecorvo y Robert Bresson entre otros – han encontrado en las situaciones límites de la guerra, en tanto dimensión en la que lo sublime, lo inefable o lo obsceno colindan, la oportunidad para configurar un contexto narrativo en el cual pulsar las cuestiones éticas y los dilemas antropológicos primordiales de una humanidad que a lo largo de los siglos no ha logrado generar modos de vida en común que excluyan la violencia sistemática y organizada. Y no sólo han encontrado esos marcos narrativos, sino que se vieron impulsados a renovar, en el tratamiento del tema, aquellos recursos del lenguaje y el arte cinematográfico que encontraron limitados para dar cuenta de la realidad e irrealidad que toda guerra concita.

Para los jóvenes, por lo común tentados en sus pasiones extremas, la guerra ha sido siempre una condena (es apropiado recordar aquí el tópico de la “carne de cañón”) pero también ha oficiado como una fuerte atracción: y es que las situaciones límites son siempre para la juventud una oportunidad de tensar el significado de la propia existencia. El género bélico (con sus despliegues de acción, escenarios de grandes batallas y héroes desmesurados) ha resultado atractivo para la juventud, colmando a veces esa ansia de fascinación. Por su lado, y así lo entendemos al proponer este ciclo, el cine de los grandes maestros puede, una vez que se lo revisita
en el tratamiento de este tema, configurar también la oportunidad de reflexionar sobre algunas cuestiones claves de nuestro tiempo. Y es que la guerra plantea problemas de orden moral y político que, desde el límite que representa, puede alumbrar un presente en que los conflictos sociales y personales compulsan la validez de los modos de vida, y también de muerte.

El ciclo comienza este mes y se extenderá hasta octubre.