Vórtice: expone Miguel Tosi

Mar­celo Legrand nos habla de Miguel Tosi, un artista nacio­nal casi des­co­no­cido, con la inten­ción de mos­trar su obra en la Sala de Dodecá. Luego nos lleva a su casa.

Miguel Tosi nos recibe con una flor y abre las puer­tas de su ropero. Apo­yán­dose sobre la mesa se suce­den una a una sus obras. Se mues­tra a tra­vés de ellas con entrega, con pasión y expec­ta­tiva.
Es un impacto para nues­tros ojos y nues­tros sentidos…

Uno ve sus pro­pios fan­tas­mas. Miguel Tosi nos retrata. Un mundo de per­so­na­jes invade el nues­tro desde una pin­tura donde la figura y el color deter­mi­nan la ima­gen. Desde su obra, Tosi, sin ima­gi­narlo nos inter­pela, nos seduce y nos emociona.

Es una pin­tura de flas­hes foto­grá­fi­cos, donde el artista dis­tor­siona inten­cio­nal­mente alguno de los ras­gos de sus per­so­na­jes. Retra­tos, auto­rre­tra­tos, figu­ras de cuerpo entero e incluso alguna natu­ra­leza muerta lle­nan la tela, el car­tón o todo aquel soporte a mano del artista, para que este se exprese sin dis­trac­cio­nes. A veces sobre­viene el blanco y negro casi en una acti­tud expre­sio­nista: acti­tud que se refleja en el trazo de sus dibu­jos y sus pinturas.

Per­so­naje tras per­so­naje salen de su taller, casi como una forma de sal­va­ción per­so­nal. Nos reve­lan incons­cien­te­mente visio­nes de la reali­dad a veces sór­di­das, con un cro­ma­tismo que no res­peta reglas pero que impacta a la retina por su fuerza expre­siva. El color está muy pre­sente, pero la línea no se subor­dina a él, guarda su fun­ción dominante.

Esas obras no nos dejan res­piro, figura y fondo son una uni­dad, los tra­zos son rápi­dos, segu­ros y varia­dos. La mul­ti­pli­ci­dad de recur­sos grá­fi­cos se tra­duce en una indes­crip­ti­ble riqueza visual.
Su obra se ubica fuera de toda ten­den­cia, es com­pul­siva y directa.

El mon­taje, haciendo refe­ren­cia a esa pro­duc­ción com­pul­siva de Tosi, res­ponde de la misma forma: deja sin aliento al espec­ta­dor que se encuen­tra con una sala abi­ga­rrada y satu­rada de una mínima parte de su exten­sí­sima obra. Obra que per­ma­nece aún en sus car­pe­tas, den­tro de un ropero, espe­rando ser descubierta.

Clau­dia Anselmi
Cris­tina Bausero

Esta mues­tra se rea­liza con la cola­bo­ra­ción de Mar­celo Legrand y Gerardo Ruiz.
Se inau­gura el 14 de julio y per­ma­ne­cerá hasta el 23 de agosto. Se puede visi­tar de miér­co­les a domin­gos en el hora­rio de 18 a 22hs.