De opresores y oprimidos

A par­tir del retrato cine­ma­to­grá­fico de algu­nos per­so­na­jes his­tó­ri­cos y situa­cio­nes polí­ticas deter­mi­na­das, con este ciclo pre­ten­de­mos abor­dar los ava­ta­res y las con­se­cuen­cias de las desigual­da­des y opo­si­cio­nes que se esta­ble­cen a par­tir de la dis­tri­bu­ción social del poder.

En las socie­da­des com­ple­jas, se verá, el asunto no es sim­ple. Ciento cin­cuenta años atrás se podí­a afir­mar de manera acer­tada que: “Hom­bres libres y escla­vos, patri­cios y ple­be­yos, seño­res y sier­vos, maes­tros y ofi­cia­les, en una pala­bra: opre­so­res y opri­mi­dos se enfren­ta­ron siem­pre, man­tu­vie­ron una lucha cons­tante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que ter­minó siem­pre con la trans­for­ma­ción revo­lu­cio­na­ria de toda la socie­dad o el hun­di­miento de las cla­ses en pugna” (Karl Marx, 1848). No obs­tante, con el correr del siglo veinte, y sobre todo en las últi­mas déca­das, pudi­mos cons­tar que esta dicotomí­a tení­a sus bemoles.La divi­sión entre opre­so­res y opri­mi­dos, con­si­de­rada en el sen­tido de la larga dura­ción his­tó­rica, generó las frac­tu­ras de las socie­da­des en cla­ses anta­gó­ni­cas (pelí­culas como “Espar­taco” o “Sacco y Van­zetti” retratarí­an esas cir­cuns­tan­cias). Tam­bién se repro­dujo esa divi­sión en el marco de las rela­cio­nes colo­nia­lis­tas e impe­ria­lis­tas entre nacio­nes (“La bata­lla de Arge­lia”, “Pelo­tón”). Pero ade­más, y esto es más claro cuando se lo con­si­dera desde la situa­ción social pre­sente, la divi­sión entre opre­so­res y opri­mi­dos genera una plé­tora de enfren­ta­mien­tos y opo­si­cio­nes, tales como las de sexo-genero, las racia­les, las gene­ra­cio­na­les, las étni­cas (en el con­fuso pano­rama de las nacio­na­li­da­des), las cul­tu­ra­les, las reli­gio­sas, y tam­bién las político-militares.

En el caos actual de nues­tras socie­da­des, las rela­cio­nes de domi­na­ción se cru­zan, se sobre­po­nen unas a otras, invier­ten su direc­ción, se hacen más difu­sas y enga­ño­sas. ¿Quién oprime a quién, desde qué posi­ción domi­nante, con qué capa­ci­dad de legi­ti­mar o impo­ner su domi­na­ción? En la actua­li­dad, no parece tan sim­ple defi­nir la «domi­na­ción» al modo en que lo pro­puso Max Weber: “un estado de cosas por el cual una volun­tad mani­fiesta («man­dato») del «domi­na­dor» o de los «domi­na­do­res» influye sobre los actos de otros (del «domi­nado» o de los «domi­na­dos»), de tal suerte que en un grado social­mente rele­vante estos actos tie­nen lugar como si los domi­na­dos hubie­ran adop­tado por sí­ mis­mos y como máxima de su obrar el con­te­nido del man­dato («obe­dien­cia»)”. Y lo que sí­ resulta social­mente rele­vante es que cada vez más el ejer­ci­cio de la vio­len­cia, sea donde sea que esta­lle, ter­mina por ser el único indi­ca­dor claro de las múl­ti­ples rela­cio­nes entre opre­so­res y opri­mi­dos que per­sis­ten de forma más o menos soterrada.

El ciclo, “De opre­so­res y opri­mi­dos”, comienza el sábado 22 de octu­bre con la exhi­bi­ción del filme “Napo­león” (de Abel Gance, Fran­cia 1927). Con­ti­nuará los sába­dos y domin­gos durante este mes y los próximos.