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El cine de Ettore Scola

Posted on Feb 17, 2005

Llevó bastante tiempo averiguar quién era realmente Ettore Scola, un cineasta de larga carrera a quien por un perí­odo considerable pudo tomárselo, simplemente, por un artesano más, pero que hacia mediados de los años setenta comenzó a convertirse en una figura realmente significativa del cine italiano. Durante una extensa zona inicial de su carrera, Scola fue simplemente otro fabricante de comedias (Hablemos de mujeres, Un caso fortuito, El comisario Pepe), género al que igualmente aportó una serie de libretos, generalmente en colaboración, para otros directores. En 1970, Celos estilo italiano pudo provocar empero un pequeño sobresalto, porque si bien no rompí­a esencialmente con esa trayectoria apuntaba indicios de una mayor inquietud.

Fue sin embargo Nos habí­amos amado tanto (1974) el film que marcó para Scola un verdadero segundo comienzo, que se prolongarí­a en la acidez satí­rica de Sucios, feos y malos, el dramatismo de Un dí­a muy especial, la refinada evocación de los tiempos de la Revolución Francesa de La noche de Varennes, los despliegues musicales de El baile, la entrañable capacidad de emoción de La familia.

Ettore Scola, “Sucios, feos y malos”En esos y otros films, Scola revelarí­a una tendencia a utilizar acontecimientos laterales onimios como comentario al transcurrir de la Historia Mayor. Lo hizo en Un dí­a muy especial, que recortaba el breve romance de un ama de casa romana y un intelectual homosexual y antifascista sobre el fondo de la visita de Hitler a la Italia mussoliniana. Lo hizo también en El baile, que intentó apretar cuarenta años de historia francesa a través de la concorrencia a un salón de baile sabatino. Lo hizo en Splendor, tomando como “lugar privilegiado” a una sala cinematográfica. Antes y después, el cineasta reiterarí­a una tendencia a retratar conflictos colectivos a través del prisma de personajes e historias individuales, según constancia en Nos habí­amos amado tanto, La terraza o La familia, o en la más reciente Mario, Marí­a y Mario, que constituye también su ajuste de cuentas personal con los desconciertos de un comunista italiano de hoy, o por lo menos de hace un rato. Es cierto que a veces se ha repetido, y que sus pelí­culas (sobre todo algunas de las últimas, como La cena) parecen con frecuencia reuniones de viejos amigos con los que se pasa un buen rato pero que reservan pocas sorpresas. Sigue siendo, sin embargo, una personalidad a tener en cuenta, y un veterano que no ceja en su actividad. El presente ciclo no llega a ser una retrospectiva completa de su obra, pero reúne una parte significativa de ella.