Editorial de julio

Las fron­te­ras entre polí­tica, cul­tura, economí­a y socie­dad, si alguna vez las hubie­ron, nunca fue­ron cla­ras. No lo fue­ron en el pasado y mucho menos lo son en el pre­sente, cuando el entra­mado de las rela­cio­nes y media­cio­nes socia­les se vuelve más com­plejo, más ambi­guo y más caótico.

Cierto que el pro­blema no es sólo de cla­ri­dad, de trans­pa­ren­cia o de orden. El pro­blema es dilu­ci­dar hasta qué punto serí­a desea­ble o jus­ti­fi­ca­ble que esas áreas de acti­vi­dad estén sepa­ra­das: aquí­ los que se encar­gan de lo polí­tico, allá los que hacen cul­tura, etc., cada uno res­trin­gido a su frag­mento de reali­dad. ¿En qué favorecerí­an esas dis­tan­cias a las nece­si­da­des actua­les de dar res­pues­tas colec­ti­vas y crea­ti­vas a la pro­funda cri­sis que atra­vie­san nues­tras sociedades?

En Dodecá, si bien no pre­ten­de­mos retro­ce­der en cuanto a los logros de autonomí­a del arte res­pecto de los pode­res polí­ticos y eco­nó­mi­cos, tam­poco pre­ten­de­mos ais­lar las esfe­ras de acción cul­tu­ral y polí­tica, ni nos interesa sepa­rar a éstas de las otras múl­ti­ples esfe­ras de acción social. Las “Polé­mi­cas” que este mes ini­cia­mos son una mues­tra de ello, como ya lo fue, en diciem­bre del año pasado el ciclo de deba­tes sobre el artista y el poder, como tam­bién los son los Encuen­tros de Cine y Cien­cias Huma­nas que hemos rea­li­zado: la cues­tión del tra­bajo, vio­len­cia y juven­tud, y el último recien­te­mente cul­mi­nado sobre la con­di­ción de la mujer. Muchas otras “Polé­mi­cas” ven­drán sobre cues­tio­nes cen­tra­les, que nos interesa promover.

Un cen­tro de acción cul­tu­ral, tal como noso­tros lo enten­de­mos, puede y debe ser un ámbito de dis­cu­sión y for­ma­ción polí­tica, así­ como en los ámbi­tos de acción polí­tica no dejan de estar en juego los valo­res cul­tu­ra­les de una sociedad.