Archivo de septiembre, 2001

Mesa redonda con los directores de 25 Watts

El lunes 17 de setiembre de 2001, se exhibirá la pelí­cula uruguaya 25 Watts, y posteriormente se realizará una charla con Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella directores del film, y con el crí­tico de cine Ronald Melzer. Esta actividad organizada por Dodecá está principalmente dirigida a sus socios y se accederá a la misma por invitación.

Esta pelí­cula ganó el primer premio del Festival Cinematográfico Internacional de Rotterdam. Simplemente el hecho de llegar al Festival era ya un mérito dado que el acontecimiento reunió a más de quinientos tí­tulos, entre ellos 120 largometrajes y 75 cortos en carácter de estrenos absolutos, y al que acudieron más de trescientos cuarenta mil espectadores.

En un reportaje reciente, Rebella ha recordado que;

«todo empezó hace mucho tiempo, ahora tenemos 26 años y esto comenzó cuando tení­amos 20. Un dí­a nos pusimos a escribir escenas sueltas sobre un dí­a aburrido como el de muchos montevideanos. Lo transformamos en guión, de guión pasó a ser unos dibujitos que se suponí­a iban a ser lo que después filmáramos, luego pasaron a ser actores repitiendo esas líneas de diálogo. Todo con mucho esfuerzo y a pulmón, porque tení­amos muy poca plata. Un buen dí­a se transformó en la confianza de toda la gente que laburó para nosotros.»

Mientras tanto, Pablo Stoll declaraba que;

«Después de verla con un público completamente ajeno a nosotros y a lo que es la realidad uruguaya e incluso latinoamericana, nos pareció impresionante. La reacción del público diciendo que se habí­a identificado con los personajes y que las cosas que les pasaban a los personajes en Montevideo, les pasaban a ellos también en Bélgica y en Grecia, fue increí­ble. Otra cosa excelente fue ver un montón de uruguayos que empezaron a aparecer en las funciones, a decirnos que les gustaba mucho la pelí­cula y que se veí­an reflejados en ella».

Nuevas tendencias del documental alemán

Este ciclo pretende proporcionar un panorama bastante representativo, aunque inevitablemente incompleto, del documental alemán de fines de la década de los noventa. Se trata, fundamentalmente, de la obra de autores jóvenes, con una vocación por la experimentación y un abundante margen para la subjetividad y la óptica individual.

Más que el compromiso social y la ambición de objetividad caracterí­sticas del género en los años sesenta y setenta, en la mayorí­a de estos films se destaca el dato autobiográfico, la preocupación por la autorreflexión y el empeño en comprender la propia historia. En Imágenes de la ausencia, el argentino Kral, estudiante en Munich, se lanza a la búsqueda del padre, la infancia y las causas del fracaso matrimonial de sus padres. En Hans Warns, Mi siglo XX, Gordian Maugg apela a recursos de ficción y diversos estilos cinematográficos para evocar la figura real de un marinero que vivió una vida de peripecias y aventuras.

La mezcla de lo histórico y lo privado caracteriza a El último documental, de Daniel Sponsel y Jan Sebening que recorre la evolución del género documental al tiempo que finge contar la historia personal de uno de los autores. Split- screen, cámara digital, collages visuales y otra diversidad de técnicas experimentan con la hibridación de formas. Por su parte, El juego maestro de Lutz Dammbeck ha podido ser definido como un «documental policí­aco», donde los atentados contra la obra del pintor austrí­aco Arnulf Rainer conduce a una indagación sobre grupos intelectuales derechistas, y a algunas dudas sobre quién es el verdadero culpable. Una trama laberí­ntica que es a la vez periodismo de investigación y su parodia. Una mirada irónica es el rasgo más notorio de La joya del ama de casa de Dominik Wessekly.

La hibridez de formas es el elemento común, y responde a una realidad contemporánea donde las caracterí­sticas estéticas del cine, la televisión y los nuevos medios están tan relacionados entre sí­ como la producción y el aprovechamiento de productos audiovisuales.

Con el avance de las tecnologí­as digitales, así­ como el vertiginoso desarrollo de Internet, se perfila una nueva metamorfosis que genera una serie de formas hí­bridas adicionales para las que los crí­ticos van a tener que inventar nuevas categorí­as. El propio concepto de «documental» es puesto en cuestión, y quizás haya que idear nuevos términos.

Entre tanto, los films están aquí­, con la inestimable colaboración del Instituto Goethe.

Pre estreno: «Silvia Prieto» de Martín Rejtman

Silvia Prieto es el segundo largometraje de Martí­n Rejtman (1961), que además cuenta con prestigio como escritor. Es el caso de una mujer que al cumplir sus veintisiete años decide cambiar de vida. Con su primer sueldo se larga a Mar del Plata, un turista con el cual se cruza le regala un saco de Armani, y a partir de una etiqueta se entera de que existe otra Silvia Prieto. Pronto, el relato se bifurca y fragmenta en el seguimiento de otras historias y otros personajes que se cruzan en el camino de la protagonista.

Es todo muy suelto, como si a Rejtman no le interesara atarse a una estructura narrativa muy rí­gida, y prefiriera en cambio el esbozo, el acercamiento a varias puntas a una realidad compleja. Esa libertad, que el film practica, deriva del propio comportamiento de los personajes que persiguen con algunas dudas una identidad personal y colectiva, derivan sin un rumbo demasiado fijo, y tienen el buen criterio de esquivar la pretensión de asumir la representación de una generación o un paí­s. Al final no hay solamente dos Silvia Prieto sino varias: quienes así­ se llaman en la realidad se cruzan con las dos tocayas de la ficción de Rejtman, ampliando la cuota de sorpresa y ruptura de los lí­mites de la ficción.

Lacy Duarte: Rastreo de huellas y fracturas

Durante todo el mes de setiembre estará en exposición la obra de Lacy Duarte, de miércoles a domingos, entre las 18 y las 22 hs. A propósito de elaa y su obra, la Arq. Olga Larnaudie escribe:

Lacy Duarte pasó su infancia en el campo de Salto, en una familia de ascendencia brasileña. La voluntad de continuar sus estudios secundarios la llevó a trasladarse en 1952 a la capital salteña, donde pronto se vinculó al Taller Pedro Figari.

Salto era en aquellos años un centro cultural particularmente destacado. A las apetencias ilustradas de un poderoso sector de terratenientes se sumaban allí­ los esfuerzos relativamente antagónicos de un núcleo intelectual progresista, liderado por el escritor Enrique Amorim. A este último impulso se debí­a el funcionamiento, desde mediados de los cuarenta, de la institución «Horacio Quiroga», que incluí­a al taller Figari, por el que pasaron como alumnos, docentes o visitantes, numerosas figuras del arte uruguayo, así­ como artistas latinoamericanos.Aquella etapa de trabajo en este centro abierto a la información y a la posibilidad de un enriquecimiento conceptual, le aportó a Lacy Duarte un nutrido bagaje de convicciones.

Varios premios logrados en su medio, viajes, muestras en el exterior, el acceso incluso a otros mercados de arte ávidos de imágenes vividas como exóticas por su intensidad, no alcanzaron a detener a Lacy Duarte en la dinámica de un proceso creativo que tiene que ver más con necesidades interiores, que con opciones oportunas.

Desde fines de 1992 la artista ha iniciado un proceso de rescate de sus orí­genes campesinos. Este nuevo tiempo de su hacer pictórico se acompasa entonces, como un fenómeno a la vez í­ntimo y colectivo, con una etapa de creciente presencia de la temática de la identidad en la reflexión cultural y en el arte uruguayo.

En un momento de madurez vital y pictórica, la artista ha ido llegando a aquellas «huellas y fracturas» originadas en su fronterizo Mataojo natal, es decir al arranque histórico de ese mundo de fantasmas que ha rastreado – exorcizado- a lo largo de su obra. A través de diversos manejos técnicos y diferentes temáticas «panes y ceibos», «los bretes», «las trampas», «las venceduras»-. Rescatando reses y mulitas, caballitos y muñecas olvidadas. Esa peculiar desolación de nuestras tierras ganaderas, las faenas y rituales campesinos, el espacio ilimitado de horizonte rasante, y los inevitables bretes: los tiempos de la vida y de la muerte.
Arq. Olga Larnaudie

Editorial de setiembre

A partir de setiembre ponemos a disposición de los socios del Centro Cultural, de los socios de Cinemateca y del público en general una nueva sala de proyecciones. Es así­ que finalmente, tras haber enfrentando dificultades de todo tipo -inexorables para cualquier emprendimiento autofinanciado y sin fines de lucro-, logramos abrir una nueva sala de cine en un espacio cultural alternativo. Una sala pequeña en sus dimensiones, pero no en su significado y contenido.

En esta sala se desarrollarán actividades paralelas a la proyección de pelí­culas. Se organizarán seminarios, conferencias y talleres que, articulando distintas disciplinas, enriquezcan el análisis y la discusión del cine, su significado y su entorno social y cultural.

De esta manera, a las actividades que actualmente lleva adelante el Centro Cultural talleres de música y escuela de teatro para niños, promoción de la literatura, trabajos de investigación en el área de las humanidades y ciencias sociales se sumará esa otra esfera de elaboración cultural tan importante: el cine.

La idea básica es seguir ampliando los espacios para la apropiación colectiva, crí­tica y creativa del arte y de la cultura local y global. Y hacerlo en un ámbito adecuado para el trabajo con niños y jóvenes, sin que ello signifique una barrera generacional. Por el contrario, se apunta al intercambio y la integración en un espacio donde todos, niños, jóvenes o adultos, mujeres y hombres, puedan aportar sus experiencias particulares, sus ganas de aprender y de enseñar.

Estamos convencidos que no será a través del mercado que lograremos nuestros objetivos, por lo cual, una vez más, apostamos a la autogestión, la cooperación entre instituciones y el compromiso solidario entre quienes comparten el anhelo de «cambiar la vida». Por ello mismo, con la mayor apertura y el más firme entusiasmo, invitamos desde ya a quienes quieran sumarse en este proyecto.